JUAN JOSÉ JIMÉNEZ
Entra por el servicio de telefoto que ofrecen las agencias de todo el mundo a cualquier periódico que sea algo más grueso que una hoja parroquial un aluvión de imágenes de los cinco continentes.
Están entrando continuamente. Por ejemplo. Usted pone "eclipse de luna" porque sabe que se está produciendo uno en el planeta, y es un asombro seguir la cadencia del fenómeno por este telefoto que le digo. Primero sale una primera toma del satélite en rojo fuego captada en Australia, a la que siguen tranquilamente hasta otras veinte haciendo el recorrido en tiempo real hasta Bolivia, que es de donde entró la última.
En esta misma dinámica de la realidad a tiempo real ayer aparecía la imagen de un iraquí acuclillado al lado de una caja con un familiar muerto envuelto en una manta. Tendrá unos 25 a 30 años, es de la ciudad de Faluya y lo que acogotaba era una cara que reflejaba a partes iguales el llanto por la pérdida del que tenía al lado y el pánico, el auténtico terror, que sufría tras ver cómo un suicida había activado una bomba que reventó a diez personas más. En los cuatro años de disparate iraquí se ha visto de todo, pero esa foto en concreto chillaba, como embutida en una secuencia de pesadilla tipo La naranja mecánica o La matanza de Texas.
Y precisamente de Texas, aparecía justo al lado de este cuadro del Bosco, la foto del presidente USA, captado justo en el inicio de una conferencia a los veteranos de guerra americanos, que dada la belicosidad del país forman un enorme e inabarcable gremio.
Y reía el cochino. Se descojonaba. Está en la foto. Se le ven los molares. Es decir, que a un milímetro el de Faluya sintiendo que en cualquier momento otro suicida le iba a revirar el cuerpo y la vida, y el que inventó gratuitamente este infierno -con el explícito apoyo del trío los panchos que aún dirige el Partido Popular, que ésa es otra-, dando saltitos y haciéndose el gracioso, inconsciente este animal del reguero de sangre que ha formado por unas armas que nunca aparecieron. Lo paradójico es cómo a usted lo empuran por aparcar en doble fila y no hay dios en este universo que pueda enjuiciar -también a tiempo real- a un loquinario de estos y a todos y cada uno de los amiguitos que lo apoyaron.