ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA
Mientras el coordinador general de Izquierda Unida (sic) Cayo Lara aprovechaba la audiencia post veraniega con el rey para explicarle a don Juan Carlos "pormenorizadamente" los planes de su organización para acabar con la monarquía e instaurar la III República (algo en lo que ya hace tiempo que trabaja La Noria), la presidenta madrileña, Esperanza Aguirre, está decidida a minar la democracia y a abdicar de la lealtad y la buena fe constitucional sin molestarse en explicaciones razonables. Cayo Lara se limita a exponer los postulados tradicionales de su formación. Es cierto que la dirección 'eurocomunista' del PCE decidió tras al muerte del dictador Franco establecer el debate en los términos de dictadura o democracia. y no liarse en plena Transición con lo que resultaba ser secundario, visto el comportamiento de los españoles, deseosos de dar el paso hacia la reconciliación.
Así pues, la decisión final sobre si monarquía o república quedó superada en la Constitución pero, en puridad, como todo en la vida, pendiente de la decisión de los ciudadanos 'más adelante', según se fuera viendo. "¿Usted qué es, republicano o monárquico?", le preguntaron en una encuesta callejera a un amigo. "Depende", contestó. No era gallego; era isleño, que viene a ser lo mismo. Hay insularidades de tierra adentro. Dependía, me dijo con sonrisa pícara, de las libertades, de cómo lo hiciera la Corona, de la satisfacción del país, "de que sigan siendo útiles". Cayo Lara es de la madera de Julio Anguita, comunista como Dios manda, con un punto de Mesías. Así que no hay color entre salir de la entrevista con declaraciones protocolarias de más de lo mismo, que revelar que la conversación trató sobre el tema de cómo traer la III República. Para el pecé, y su hijuela IU, acaba una etapa, la que se inició al principio del gran cambio con una rueda de prensa en la capital de España, parapetados tras una mesa cubierta con la bandera roja y amarilla.
Entre tanto suceden estas cosas democráticas, y los adversarios hablan civilizadamente incluso de cómo acabar con el otro, miren la cara del Rey, escuchando atentamente, quizás con algo de estupor en sus ojos, Esperanza Aguirre acusaba a Rubalcaba de ordenar escuchas ilegales al PP. La presidenta, siempre sonriente, acusa sin pruebas y ayuda a que ruede la bola de nieve fabricada ex profeso. Justo el mismo día, paradojas de la política, en que fuentes quizás vinculadas a la derecha pero hartas de las trapisondas facilitaban pruebas de la financiación ilegal del PP de la Comunidad de Madrid a través de Fundescan, a la que contribuyen desinteresados y altruistas empresarios sobre todo en fase preelectoral. Almas benditas cuya contribución no se ajusta a las normas de transparencia. Así que la 'lideresa' se adelanta olímpicamente a la realidad y elude la única realidad contrastada: que los jueces y la policía han averiguado que quienes han organizado escuchas ilegales son departamentos de su gobierno, del de ella. Ha sido personal de su confianza quien ha contratado a ex guardias civiles para espiar a sus propios compañeros del PP, en especial a los que tengan simpatías por el Alcalde de la capital. Estamos, pues, ante la clásica estrategia de la tensión llevada a sus extremos por unos dirigentes de la derecha cada vez más radical y avariciosa, a la que el Nobel Krugman define en Estados Unidos como "derecha rabiosa"; el 'todo vale' como método de resistencia ante la realidad. Para los estrategas de Génova, con lugar de honor para Federico Trillo, la verdad y hasta la veracidad es lo de menos. Lo que importa es la táctica. Hacer lo que se tenga que hacer para minimizar los daños, para desvirtuar los hechos, para que la cortina de humo proporcione tiempo, tiempo, tiempo. ¿El juicio de la historia?, ¿la credibilidad ante los electores?, ¿lo que piensen los hijos, los nietos, los descendientes? También Fernando Álvarez de Toledo, tercer Duque de Alba, fue cruel y despiadado, con llamarlo a él amenazan aún hoy a los niños en Holanda, y ahí tienen ustedes lo que les importa a sus herederos.
tristan@epi.es)