EL BALCÓN LUIS LEÓN BARRETO
El Caribe es sobre todo criollo indio y africano, mestizo y multilingüe. En las pequeñas islas de las Antillas Holandesas se habla una curiosa mezcla de español, holandés, portugués y voces de los esclavos. Es significativo que en Willemstad, la capital de Curaçao, Patrimonio de la Humanidad, exista la mayor y más antigua sinagoga del hemisferio occidental, Mikvé Israel-Emmanuel. Resulta también curioso escuchar en la calle o por la radio el papiamento, esa curiosa mezcla de lenguas. Es emocionante, asimismo, saber que parte de esos pobladores iniciales eran judíos españoles, sefardíes, que tuvieron que emprender largos exilios antes de hallar un suelo acogedor. El Caribe de sol y arenas blanquísimas. Islas de calor y viento, lugares inútiles para los españoles cuando la conquista. Aruba, por ejemplo, así fue calificada porque no tenía yacimientos de oro. En cuanto los españoles la olvidaron el preciado metal apareció. Islas que fueron refugio de piratas y del contrabando, hoy microestados independientes o territorios con dependencia de potencias europeas que vinculan su economía al turismo o a las especias, como Grenada. Islas en lucha por su criollidad frente al imperio anglosajón, el imperio europeo, el imperio de la nueva colonización de los resorts turísticos. Así lo expresa Derek Walcott: "El Imperio se mofa de todos los pensamientos de futuro. / Sólo los bajíos de este océano interior murmuran / versos de otro mar, al que éste recuerda/ mitos de islas análogas de olivo y mirto, / el sueño del Golfo adormilado. Aunque sus templos, / bloques blancos contra el verde, sean hoteles, y sus pórticos / centros comerciales, con el tiempo harán buenas ruinas?"