ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA
En política las grandes palabras sobre la gestión de la cosa pública son importantes, siempre y cuando cumplan con un requisito imprescindible para ser tomadas como serias: que estén respaldadas por dinero, y que las perras estén perfectamente reflejadas en los Presupuestos. Este principio amplio tiene algunas variables complementarias, que lo ratifican y preeminencian, como que la verdad presupuestaria se impone sobre todas las demás (aparentes) verdades. Puede Pepa Luzardo criticar que las obras del 'Plan Zapatero' tengan a la ciudad patas arriba, y que las zanjas y cortes de calles hayan disparatado aún más el tráfico, y que los remanentes no deben ser una excusa para que en su momento no se incluyesen determinadas acciones en el debate presupuestario, lo cual es según el color del cristal con que se mire... pero todos estos tiquismiquis no pueden disfrazar la gran realidad real: todos los esfuerzos del Alcalde Saavedra, todos los esfuerzos de la Corporación, incluyendo a los concejales y a los funcionarios, están encaminados a tapar los agujeros que dejaron doce años del PP, que mandó sin interferencias, como libremente quiso. Y no por casualidad, por errores u olvidos veniales, sino por practicar una política altanera y mandona, por creer que a una mayoría absoluta todo le está permitido, y que la historia la escriben los vencedores; lo cual, además de no ser verdad, no afecta ni a los derechos de los ciudadanos ni limita a los jueces a la hora de dictar sus sentencias. La mayoría absoluta sólo indica que los electores le encargan a los que la obtienen que gobiernen de acuerdo con las leyes, y no de acuerdo con sus prontos o sus altanerías. Amén.
La herencia de los equipos de Soria y Luzardo lastra y lastrará la gestión socialista en la capital grancanaria. A las deudas normales, hay que sumar 33,4 millones de euros pagados entre 2008 y 2009, y 44 millones de euros que deben incluirse en los Presupuestos del 2010 para hacer frente a las consecuencias de errores urbanísticos, utilizando el término piadosamente, cometidos a lo largo de los tres mandatos populares. Si a eso se le suma que en esos doce años, doce, se llevó a Guaguas a una situación de relajo y quiebra, y el capricho predominó en las políticas de organización, funcionamiento, adjudicaciones, chapuzas descabelladas como la construcción de campos de fútbol en el vertedero de La Ballena, en el abastecimiento de aguas... la crítica a consecuencias directas de tales circunstancias ha de entenderse en su justa medida: chorrito de tinta de calamar para facilitar la escapada.
En este Ayuntamiento, como en el Gobierno de Canarias, los hechos dicen una cosa, y los discursos, otra; pero entre los hechos y los discursos lo que prevalece al final son los hechos. Y no hace falta ser un empollón en filosofía, ni un cerebrito en matemáticas o termodinámica, para llegar a estas conclusiones elementales. Lo que sí es cierto es que durante un tiempo, la propaganda, la retórica y los globos de colores pueden empañar la visión de la verdad verdadera; pero la limpieza doméstica de los cristales demuestra empíricamente que con un simple paño, o abriendo la ventana aunque sólo sea una rendijita, desaparece el vaho que se forma por la noche. En estos antecedentes 'hipotecarios' hay que incluir el escándalo, en fase de madeja judicial, de las torres del Canódromo, para las que, en unas circunstancias de 'tormenta perfecta', ya que a la crisis mundial hay que añadir las consecuencias dinerarias de las torpezas y soberbias en materia patrimonial o urbanística, hay que buscar soluciones pragmáticas que no aumenten el daño al interés general.
Este es el fondo del asunto: que un entero mandato municipal estará limitado por decisiones equivocadas de quienes se creyeron en posesión del derecho absoluto por tener una mayoría absoluta. Y lo peor es que siguen erre que erre, con un aplomo que aploma a los que a pesar de todo mantienen la suficiente independencia intelectual para el análisis, el razonamiento y la comparación.
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