ERASMO QUINTANA
Va en serio -es lo que parece- el escoramiento independentista de Coalición Canaria. Los mismos altos dirigentes unos callan otorgando y otros manifiestan sin reparo que es una realidad la existencia de esa vocación separatista en el seno de la organización. Nacionalistas -sobre todo áticos y sectores antigrancanarios- que suspiran por convertirse en una Herri Batasuna canaria, que reivindique la enseña nacional tricolor con las siete estrellas verdes y los molinos de gofio metamorfoseados en herriko tabernas, nación canaria libre con el áfrico de moneda propia, y Cubillo como Sabino Arana o Secundino Delgado bis. Y en esa nación idealizada, por supuesto (y por suerte), no estará Gran Canaria.
Tendrán que buscarse el brazo armado que presione a lo bestia para que les tengan respeto, tomándolos en serio y no a rechifla. Son eructos de la mala digestión proselitista que irradia el faro y la luz mesiánica del editor de El Día, catón ideológico de CC, que, a falta de una ideología propia -la única conocida suya es el poder-, va de su brazo cual pueblo elegido lo fue de Moisés, al que salvó apartando las aguas del mar Rojo. El drama es que todo esto no tiene traza de que alguien con cabeza lo rectifique. Antes al contrario, parecen unos zorros con su calculada ambigüedad y silencio más que sospechoso. A todas éstas, Paulino Rivero, una tumba. Mutis como práctica con los temas -para él- escabrosos. Por ejemplo, cuando desde Tenerife se insulta gravemente a Gran Canaria. Pero él a lo suyo, jugando al despiste mientras se hace la foto en la que le veamos su lado más humano: un niño en brazos, ordeñando una cabra o arando con mucha maña una yunta de burros, triste y grotesca metáfora de todo un estilo de entender y de gobernar una Autonomía de tan baja calidad democrática.