Leo la necrológica de una persona -no importa quién- de la que se afirma que su gran pasión fue el aceite de oliva. El texto más inocuo, si le dedicas un poco de tiempo, está lleno de sorpresas. De manera que la gran pasión de esa persona que acaba de fallecer fue el aceite de oliva. Ya anunciamos que nos habría dado lo mismo que se tratara del aceite de girasol o del de colza; lo increíble es que pasiones de ese tamaño llenen una vida. Seguramente, te dices, al autor de la necrológica se le ha ido la mano. ¿Pero y si hubiera sido cierto? Qué envidia, si hubiera sido cierto. Después de todo, el aceite de oliva (lo mismo que el de girasol o el de colza) no te puede decepcionar, no está en su naturaleza. ¿Cómo podría hacerlo?