ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA
De vez en cuando, pero persistentemente, como el calabobos, que no moja pero empapa, dirigentes del PP acusan al PSOE de haber creado el GAL, y punto. Y los socialistas enmudecen, se les eriza el pelo pero quedan inmóviles, como los gatos deslumbrados, como si, en efecto, esa fuera la realidad. Y es que la realidad, como todas las realidades, es una mezcla de distintas realidades. Un color se logra sumando otros colores.
La verdad es que el actual PP es heredero, como el actual PSOE, en la misma casi exacta proporción, de lo que se llama 'terrorismo de Estado', o 'guerra sucia' contra ETA. Basta con hacer una comparación muy sencilla: en una columna se ponen los años y los gobiernos con los ministros de la Gobernación e Interior respectivos, y en otra paralela los atentados, los muertos y heridos etarras confirmados, presuntos o supuestos, y las siglas que los reivindicaron. Mediante este sencillo procedimiento, asequible a todo el que disponga de internet, puede llegarse a algunas conclusiones de salida:
El primer muerto por las bandas antiterroristas se produce en 1975, siendo Manuel Fraga ministro de la Gobernación; en 1976 y hasta 1979 Martín Villa ocupa Gobernación, periodo en que la Triple A y el Batallón Vasco Español reivindican nueve asesinatos. Entre 1980 y 1981 es Juan José Rosón el ministro, y los crímenes ascienden a dieciocho. La revista francesa 'París Macht' publica una reveladora entrevista con miembros (encapuchados) de estos grupos caza etarras. En total, treinta asesinatos, bajo las mayorías de UCD y las presidencias de Suárez y Calvo Sotelo. Entre 1983, cuando empieza a gobernar Felipe González y 1989, en que desaparece la guerra sucia, hay 29 asesinatos reivindicados por los GAL.
Por eso no es exacto que el PSOE haya creado el terrorismo de Estado, que ha tenido varias siglas a su disposición. Pero, como es obvio, tan terrorismo de Estado fue, por las pruebas, el del BVE, la Triple A y otros, que el del GAL. Hay constancia más que sobrada que demuestra que muchos de los 'ejecutores' actuaron con las distintas 'franquicias'. Es decir, no es exacto afirmar, como lo ha hecho un diputado del PP en el Congreso, que el PSOE haya creado el GAL.
En todo caso bajo quienes se auspició la guerra sucia fueron los gobiernos de la UCD con ministros en Gobernación e Interior que luego fueron próceres del Partido Popular, como el presidente fundador, Manuel Fraga, o Martín Villa, y algunos cargos civiles y militares de Interior, Defensa y servicios secretos. Como es ladino, igualmente, ignorar el entusiasta respaldo a la guerra sucia que dio inicialmente el periodista Pedro J. Ramírez, como demuestra, pormenorizadamente, el periodista Díaz Herrera en su reciente y revelador best seller 'Pedro J. Ramírez al desnudo'.
Lo cierto es que en un momento vergonzoso de la historia de España un grupo de políticos, periodistas y jueces decidieron manipular los hechos para derribar al Gobierno. Lo cuenta también Díaz Herrera, quien toma las pruebas de las autoinculpaciones en forma de memorias de varios de sus protagonistas. De esta manera no se hizo un juicio neutral al terrorismo de Estado, sino solo al terrorismo de Estado que coincidió con los gobiernos de Felipe González.
Lo cual significó que se enjuiciara y condenara solamente la mitad de la realidad; es decir, se hizo la mitad de la justicia, lo que no es un buen ejemplo.
Hay que repetir las veces que haga falta una mentira para que parezca cierto, aseguraba Goebbels. Mil veces mil se ha repetido que el PSOE es el culpable del GAL, hasta tal punto que en el debate cotidiano parece que es así; pero queda internet, y basta hacer click en Google con el ratón en 'guerra sucia' y en 'batallón vasco español' para tener al alcance toda la verdad, con especificación del día del atentado, el lugar, el nombre de los muertos y el arma empleada.
La gran pregunta es: ¿cómo alguien que sabe perfectamente lo que ocurrió, o está obligado a saberlo, sigue insistiendo en el error y la manipulación? O porque se han creído sus propias mentiras, y son tontos, o porque son unos ignorantes, o porque son unos cínicos 'cum laude'.