ELECTRÓN LIBRE

EL CAUTIVERIO DE LA CIENCIA

 
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JESÚS VILLAR La investigación es el pilar básico para el desarrollo científico y tecnológico porque conduce a la adquisición de nuevos conocimientos y principios. Carl Sagan decía que sin progreso científico no hay esperanza para crear riqueza o mejorar nuestras vidas, ni para mantener nuestras libertades contra la tiranía. Todo el mundo está de acuerdo en que nunca se ha disfrutado de un nivel de salud más elevado como en la actualidad, fruto de la revolución creativa e intelectual del hombre de ciencia. El tratamiento de las enfermedades se convierte así en el logro más importante que define nuestra civilización. Hoy se habla mucho de la transferencia del conocimiento, pero es oportuno recordar que no existe otro campo científico-técnico en el que los resultados de las investigaciones sean de mayor rapidez de aplicación e impacto social como el de la investigación sanitaria. El producto final es más salud y bienestar para los ciudadanos. Bill Gates ha señalado que la floreciente revolución médica es lo más importante para el futuro de la humanidad.

La investigación biomédica no interesa en Canarias. El intelectual y el científico son figuras ridiculizadas en nuestra tierra. Si bien nuestro sistema sanitario está atravesando una profunda crisis y que durante la crisis, lo urgente tiende a desplazar lo importante, llevamos años sabiendo que despilfarran el dinero público, con o sin crisis económica, y como siempre, haciendo amigos y favoreciendo a quienes hacen de la ciencia un objetivo en su propio beneficio. Una suma de procesos y circunstancias políticas en Canarias han conducido a una delicada situación caracterizada por una politización patológica e insoportable de las instituciones sanitarias y por una profunda desmotivación de los profesionales sanitarios que cobran uno de los sueldos más bajos de la Unión Europea y trabajan en un ambiente hostil y negativo para la ciencia. Los esquemas de organización militar que aún perduran en los hospitales hacen muy difícil que se favorezca y garantice la movilidad y la formación de quienes deciden dedicarse a la investigación, ya que en muchos casos, los jefes de servicio o el propio gerente castran cualquier iniciativa científica. Aquí se promueven a individuos cuyos méritos profesionales, académicos y científicos caben en un cupón de ciegos.

Para el Gobierno de España, para el Parlamento Europeo y para el mundo desarrollado, los hospitales públicos son considerados centros públicos de investigación. Bueno, para todo el mundo, excepto para el Gobierno de Canarias. La política sanitaria está inmersa en una enorme contradicción. Si una de las obligaciones fundamentales de la Consejería de Sanidad es la promoción de la creatividad científica en sus instituciones sanitarias, su actuación es lamentable cuando la financiación de la investigación está prácticamente ausente de sus presupuestos. El 35% de la producción científica de Canarias procede de los hospitales, pero éstos no tienen un presupuesto dedicado a investigación. Los ciudadanos desconocen que, salvo acciones específicas del Servicio Canario de la Salud en el periodo 1995-1999, hasta el año 2000 los grandes hospitales públicos del SCS no contaban con ninguna partida presupuestaria para el fomento de la investigación en sus hospitales. Ahora sabemos que desde hace dos años la Consejería de Sanidad ha retirado a los hospitales del SCS el minúsculo y raquítico presupuesto que dedicaban desde 2000 a investigación y que suponía menos de un vergonzoso 0,05% del presupuesto anual hospitalario, unas 50 veces por debajo de lo deseable.

El aspecto más grave de todo esto es que la comunidad científica está muda y vive al margen de las decisiones políticas sobre la obligatoriedad de financiar la investigación biomédica en los hospitales. Sin el apoyo decidido a la investigación no podremos crear nuevos horizontes en la educación de nuestros futuros licenciados y doctores, poniendo en grave peligro el futuro de la ciencia, de nuestras universidades y de nuestros hospitales. No podemos permanecer más tiempo al margen de las decisiones y de los núcleos en donde se decida la política de investigación sanitaria. Si no dejamos oír nuestra voz para ser protagonistas de nuestro propio destino, ¿quién lo va a hacer por nosotros? Basta ya. No podemos permitir que el Gobierno canario no asuma sus responsabilidades con el desarrollo y fomento de la ciencia biomédica. Permanecer al margen de esta responsabilidad significa ser partidario de nuestra propia extinción. Buen día y hasta luego.

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