JESÚS VILLAR
Si los españoles fuéramos tan buenos en innovación como lo somos en criticar por qué no innovamos, España estaría entre las 10 naciones industrializadas más innovadoras del mundo. Ya que la innovación es la clave para mejorar la productividad, no estaríamos entre los países que pagan los sueldos más bajos de la Unión Europea a sus profesionales más cualificados. La pobre capacidad para innovar de España no es un problema nuevo. Hemos estado en la lista de los que menos innovan durante más de tres décadas. Nuestros dirigentes políticos lo saben muy bien y la persistencia en la cola de la innovación solo deja una conclusión: quienes han tenido la responsabilidad de velar por la calidad de la educación y de la investigación han estado cegados por actividades de escaso rendimiento. Si es verdad que como dijo Abraham Lincoln, "un voto es más poderoso que una bala", mediten muy bien a quién le otorgan el voto en las próximas elecciones autonómicas.
Un estudio reciente publicado en la revista norteamericana Newsweek sitúa a España en el puesto 32 en educación de un total de 100 países. Nos consuela que estemos por encima de Grecia y Portugal, pero esperen unos meses a que se publiquen los resultados del informe que evalúa a los jóvenes de 15 años por países y por regiones. Opiniones expertas colocan a España en la cola de esa evaluación. A los políticos se les hincha la boca cuando repiten hasta la saciedad que contamos con la juventud mejor formada de la historia de España. No hay duda que España nunca ha tenido tantos titulados universitarios, gente con talento, pero ¿de qué nos vale si no les dejamos crear y compartir conocimientos?
Las estrategias determinantes que nos sacarán de la crisis económica son la innovación y la internacionalización. Las opiniones expertas para solucionar la enfermiza falta de innovación en España han propuesto tres prioridades. Primero, apoyar aquellas áreas en donde somos y podemos ser competitivos (energías limpias, biomedicina, tecnologías para el tratamiento de aguas, etc.); segundo, sustituir a aquellos gestores de los sectores público y privado que siguen sin darse cuenta de que al frente de los departamentos, centros e instituciones de investigación de nuestro país tienen que estar gente muy preparada y con dedicación plena para intentar solucionar lo que lleva años sin funcionar; y tercero, eliminar las barreras que restringen la movilidad laboral (no solo entre regiones y ciudades sino entre empresas e instituciones). Pero el problema más grave está en la cultura de los españoles: el escaso apoyo social y político a la investigación y al desarrollo tecnológico, motores primarios para desarrollar nuevas tecnologías, productos y servicios.
Con la tasa de desempleo juvenil más alta de toda Europa, España cuenta con una enorme proporción de jóvenes que carecen del dominio de cualquier otro idioma (no solo europeo) para poder trabajar y abrir mercados en otros países. Sin los jóvenes, no mejorará la economía ni habrá futuro para España. Los grandes inventos y descubrimientos de la historia fueron realizados por personas que tenían menos de 35 años. Pero la mayoría de los hombres y mujeres españoles entre 22 y 35 años no tienen un empleo relacionado con su formación. Malgastar esa inmensa cantidad de talento que ha costado más de 20 años de billones de euros de nuestros impuestos ha significado tirar a la basura el equivalente a muchas veces el Producto Interior Bruto (PIB) del país. ¡Qué despilfarro!
Con una economía que se va a mantener inestable durante más de una década, con un PIB per cápita muy por debajo de la media europea y con la tasa de desempleo y paro más alta del mundo occidental, España solo saldrá de este infierno con la puesta en marcha de una nueva era de innovación, algo para lo que no están preparados nuestro actuales dirigentes y representantes políticos. Ha llegado la hora de tener una nueva generación de líderes que nos hagan cruzar la calle, no para llegar al centro de la carretera sino a la otra acera. Hay un nuevo mundo que nos exige trabajar aislados y conectados al mismo tiempo, sin importar que seamos pequeños pero pensando a lo grande. Tenemos la gente y los recursos para hacerlo. Decía Abraham Lincoln que "no sabía quién fue su abuelo; le importaba mucho más saber quiénes serán nuestros nietos". Hagámoslo por nuestros nietos. Buen día y hasta luego.