ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA.
José Manuel Soria suele presumir de hacer las cosas como las haría una gran empresa: profesionalmente, con mucho rigor. Ese es el quid de la cuestión del neoliberalismo -todo lo neo iguala los huevos a las castañas y viceversa- que predica el 'adelgazamiento' del Estado porque, se sostiene, todo lo público es ruinoso; lo que funciona es la iniciativa privada. Pero como tantas cosas, entre lo dicho y lo hecho reina la paradoja. El currículum político del líder popular no es que sea muy brillante a los efectos predicados, ni al sujeto ni al verbo. Su trayectoria ha ido dejando un paisaje volcánico: lleno de agujeros que los tribunales están traduciendo a millones de euros de indemnización.
¿Por qué? Si "los designios del Señor son inescrutables", y "Dios escribe derecho con renglones torcidos", quizás el método científico, combinado con unas gotas de perversidad irónica, nos lleve a averiguar la causa de tanto desatino y tanta sospecha.
Vamos a ver si logramos entendernos: el último nombramiento del Vicepresidente ha sido cooptar a una afiliada local del PP en Pájara para que se encargue de la Dirección General de Ordenación y Promoción Turística: un cargo de la máxima importancia estratégica en unas islas cuyo motor económico fundamental es el turismo. Supongo que esto es evidente, y en condiciones normales lo evidente no necesita demostración. En medio de la mayor crisis financiera mundial, desatada por una terrible mezcla de avaricia e irresponsabilidad, con un paro que sigue batiendo récords históricos, los turistas constituyen la única y más sólida esperanza de presente y futuro.
Se supone que los políticos competentes han de cuidar mucho a quien nombran para las funciones más importantes y delicadas, y no parece que sea el mejor aval para la 'Ordenación y Promoción' elegir a una policía local de Fuerteventura, que por la propia naturaleza de su trabajo no está especializada en el área tan compleja que se le encomienda, más allá de los conocimientos que haya podido adquirir en su época de administrativa de hotel. En realidad más parece que la intención sea la de llevarle la contraria al físico británico Stephen Hawking y demostrar por la vía de hechos milagrosos que Dios sí existe. No de otra forma se puede entender que el turismo se mantenga en un archipiélago donde tal principal actividad suele estar en manos de ineptos, pueblerinos y enchufados, salvo muy contadas excepciones. Sin duda, tal como están las cosas, hay que introducir en el análisis un factor irracional como la fe del carbonero.
Lo que extraña es que estas cosas tan pintorescas y antagónicas con la doctrina de la gestión moderna según la derecha impetuosa no las hagan los grupos post marxistas sino, precisamente, los adalides de las soluciones conservadoras. ¿Utilizarían este método para la contratación de sus ejecutivos las grandes empresas? ¿Ficharía la Citroën a un bombero de Pontevedra porque esté en el mismo equipo de fútbol que el gerente para llevar la publicidad y el marketing?, ¿contrataría Mercadona para explorar los nuevos mercados y preparar la expansión de nuevos productos a un periodista de cultura por el singular mérito de ser tan forofo de Wagner como un alto mando del gigante de la alimentación?, ¿pondría El Corte Inglés en manos de un guardia urbano el estudio de las alternativas en el segmento de moda ante la caída del consumo y la repentina desaparición de hábitos de compra? Y conste que hablamos de la vida real y no del Canal Disney. En fin, que es urgente que Soria vaya a ver al Papa y le explique su método para demostrar la existencia de Dios en medio de la ola de relativismo laicista que nos invade. Amén.