ANTONIO G. GONZÁLEZ.
La expulsión masiva de gitanos de Francia fue ayer refrendada de hecho por la Europa oficial. Cierto que el Parlamento Europeo, en sesión de asistencia testimonial, exigió a la Comisión Europea un dictamen sobre la legalidad de este acto contra los gitanos que son, además, en su mayoría ciudadanos de la UE por su nacionalidad rumana o búlgara. Y que desde las filas de la izquierda se hicieron intervenciones duras en contra. Pero el tibio discurso en la sesión del presidente del Ejecutivo comunitario, José Manuel Durão Barroso, alineado con Nicolas Sarkozy, y que ni siquiera citó a Francia cuando se refirió a no alentar los "fantasmas del pasado [el campo de concentración y el exterminio judío]" anticipa el sentido del informe de quien realmente manda en Europa: Bruselas. ¿Cuál será seguramente el sentido del informe? Un acto clásico de fraude de ley.
Como sostiene Francia, Bruselas se amparará en ciertos preceptos de la letra pequeña, que en efecto permite temporalmente -hasta 2012- a Francia limitar la libre circulación de personas ante la ampliación de la UE a la Europa del Este en ciertos casos para no condenar a París. ¿Por qué fraude? Porque aunque rumanos o búlgaros, por ejemplo, necesitan hasta esa fecha permiso de trabajo a los tres meses de estar en suelo francés para seguir residiendo, el coste empresarial para otorgarlo es disuasorio. Porque aunque están prohibidas las deportaciones masivas, la policía las fuerza con coacciones.
Éste es el mensaje del acoso policial a los campamentos gitanos en Francia: "O pides la repatriación voluntaria y te acoges ahora a la ayuda de 300 euros que te damos (100 los niños), o te haremos la vida insoportable". Y, entonces, parece lo que no son, regresos voluntarios. O sea: cero política de integración. Lo de Sarkozy es de libro: la vuelta del populismo de derechas en las crisis. Ejemplo típico: apelando al interés de la mayoría social (la seguridad en los barrios) no se actúa contra los comportamientos antisociales en general -protagonizados sin distinción de raza y por razones de marginalidad social de quienes los ejercen- sino que se los personifica en un grupo étnico foráneo en los que éstos, en efecto, se dan por esas mismas razones sociales. A los agradecidos vecinos de barrio en realidad les seguirán atracando hijos y nietos galos, y otros también, desde que afloje la presión policial antigitana. Pero además vivirán peor, porque Sarkozy usará su popularidad antigitana para -como ha previsto- recortar la pensión a los franceses en otoño, que es lo que está detrás de todo esto. Un fraude en regla contra (casi) toda Francia.