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Antonio Garzón Beckmann

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales (Universidad de Passau, Alemania), Diplomado en Turismo TEAT (UNED) y Máster de Nutrición y Dietética. Integrado en el Turismo desde la infancia y dedicado al turismo y la hostelería canaria en el área de Direcci...

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En este blog se publican artículos sobre Turismo, con las siguientes temáticas: ...


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  • 15
    Marzo
    2013

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    Los falsos pilares del proyecto de Ley de Renovación Turística

     

    Durante estas semanas se encuentra en trámite parlamentario la Ley de Renovación Turística, que no es más que una prolongación de la fracasada Ley de Medidas Urgentes (Mayo 2009). Ante el efecto de total congelación del crecimiento alojativo y los casi nulos efectos sobre la rehabilitación que ha tenido esta ley, cabe preguntarse cómo es posible que vuelva a renovarse sin cambios sustanciales. ¿Qué pilares sostienen este nuevo proyecto de ley? En este post se exponen los tres principales pilares, evidentemente de naturaleza errónea (falsos), que se utilizan para pretender justificar la prolongación de la segunda moratoria, esta vez de forma indefinida:

    (1) Falsa percepción de calidad

    Los legisladores asumieron en la aún vigente segunda moratoria una definición del término “calidad” que lo asocia con categorías hoteleras de “alto poder adquisitivo”. Ello se reflejó en la Ley tanto en la única excepción al crecimiento (hoteles de cinco estrellas gran lujo), como en las categorías exigidas para aplicar los incentivos teóricos de rehabilitación (a partir de cuatro estrellas para hoteles). En el nuevo proyecto de ley el legislador sigue aplicando esta errónea concepción de calidad, aunque, ante la nula efectividad durante los últimos cuatro años, pretende rectificar ampliando su concepción de calidad: Ahora también se contempla la excepción para hoteles de cinco estrellas (si bien con otros requisitos muy difíciles de cumplir) y se rebaja a tres estrellas la categoría mínima para renovar y obtener los incentivos. Ello aporta bien poco a una aplicación realista de las pretensiones positivas de dicha ley, pues los errores de concepción de fondo siguen estando presentes:

    A) Errónea percepción del concepto “calidad”: El término “calidad” no debe ser confundido simplemente con “muy alto poder adquisitivo”, sino en su sentido tradicional de “acorde a las exigencias del segmento al que va dirigida la oferta”. Es decir, que todas las categorías hoteleras y extrahoteleras podrían ser de calidad si cumpliesen con las expectativas de su clientela. Sin duda, el legislador debería replantear su concepción de calidad. ¿Un complejo extrahotelero de dos estrellas que renueva y mantiene las dos estrellas por qué no puede tener “calidad”? ¿Por qué la reconversión de un establecimiento hotelero a uno extrahotelero no puede tener “calidad”?

    B) Sin estrategia de gran lujo: Resulta a toda vista imposible el abrir un destino con esta estructura de “clientes estándar” al segmento de gran lujo a base de permitir sólo los hoteles de 5GL sin acompañar este objetivo de una estrategia más amplia de captación de este segmento exclusivo (mejoras en el entorno, servicios exclusivos, conexiones de vuelos regulares, etc.), y, además de todo ello, sin contar con el principal factor situacional del que dispone la competencia de gran lujo internacional: la primera línea de playa por norma casi generalizada.

    C) Sin estudio de mercado: No existe un solo estudio de mercado sobre la oferta/demanda canaria que corrobore que habría una demanda importante por Canarias del segmento de gran lujo y, mucho menos, en la cuantía suficiente como para ser la única excepción al crecimiento de toda una región turística de más de dos millones de habitantes y diez millones de visitantes extranjeros al año. De hecho, en algunos productos turísticos se habla de una tendencia hacia la gama de hoteles para los segmentos medio y premium, como es el caso del turismo de reuniones (ver “Tendencias 2013 en turismo de reuniones: la industria se adapta al “new normal””, en hosteltur.com; o “Baja el lujo y sube el verde” de Jose Galván). Por tanto, la insistencia del legislador en el gran lujo no solo es que no esté respaldada por ningún estudio de mercado, sino que, además, es literalmente contraria a las tendencias del mercado turístico

     

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