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Apaga y Vámonos
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Blog Apaga y Vámonos - María Sánchez Lozano

María Sánchez Lozano

María Sánchez es colaboradora habitual del periódico La Provincia en su edición de papel. Sus relatos de la serie Apaga y Vámonos se publican cada sábado en el suplemento sabático YES desde hace ya dos años y se incorporan ahora a la versión digital del diario.

Sobre este blog de Gente

Amores y desamores para reír y no llorar


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  • 04
    Junio
    2014

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    El perrillo mojado

    No es que a Sonia le gustaran exclusivamente los hombres guapos, de hecho había tenido algún amante bastante normalito y hasta un novio tirando a feillo, aunque absolutamente adorable, pero es que aquel adefesio, tan pequeño y escuálido, de mirada ansiosa y piel de lagarto le desagradaba tanto como a los gatos les desagrada el agua. El elemento aquel, al que una de sus amigas más ingeniosas y burlonas denominó casi desde el primer día ‘el perrillo mojado’, porque su aspecto bien podía compararse con el de esos canes de raza diminuta que parecen sólo piel y huesos después de haber recibido un baño, se llamaba Gabi y era el camarero de una terraza que Sonia frecuentaba con sus amigos porque les gustaban sus cócteles y además, estaba excelentemente ubicada.
     

    También casi desde el primer momento, Gabi había comenzado a tontear con ella con ademanes untuosos y sonrisas exageradas, pero como Sonia observó por el rabillo del ojo que actuaba exactamente de la misma forma con la gran mayoría de las féminas desparejadas que se sentaban en su transitada terraza, e incluso con las que sólo pasaban frente a ella, clasificó a aquel Don Juan de pacotilla dentro del amplio grupo de los que le tiran la caña a todo lo que lleva faldas, incluso aunque estos sean aguerridos guerreros escoceses, y sin darle la mayor importancia, se limitó a dedicarle un puñado de sonrisas desganadas e inocuos agradecimientos cuando le servía las copas. Tenía que reconocer, además, que al principio le había permitido sus piropos anticuados y sus ridículas poses galantes porque le hacían cierta gracia, pero llegó un momento en que tanta insistencia empezó a incomodarla, por no hablar de que el tipo acabó cogiéndose el codo, cuando ella no le había dado ni la uña del meñique, y aprovechaba cualquier rato libre en su trabajo para sentarse a la mesa con ellos y bombardearla con comentarios supuestamente ingeniosos y chistes manidos, en un patético intento de cortejo que, sin que él se diese cuenta, lograba exactamente el efecto contrario: que ella lo aborreciese cada vez más.


    Así que Sonia empezó a guardar las distancias, pero Gabi no sólo no se dio por aludido, sino que redobló sus acometidas con renovados bríos, con lo que, ya in extremis, ella no tuvo más remedio que recurrir a la grosería y ser seca y maleducada con él. Sin embargo, no había manera; el tipo era totalmente inasequible al desaliento y a más cortante era ella, más interés parecía mostrar él, hasta el punto de que una tarde, en un intento totalmente suicida para un observador casual, le propuso una cena que, por supuesto, ella se apresuró a rechazar con una excusa tan poco creíble que rayó en la descortesía. No obstante, Gabi no cejaba en su empeño, y finalmente, por el bien de su salud mental y la tranquilidad de sus amigos, tanto Sonia como su círculo más íntimo convino que lo mejor sería que trasladaran su centro de operaciones a otro bar donde los camareros fueran un poco menos pesaditos. Y así lo hicieron.


    No obstante, al poco de desaparecer de escena, Sonia empezó a encontrarse con Gabi en cada rincón de la ciudad: mientras comía en algún restaurante, corría por la avenida o hacía la compra semanal, se daba la vuelta y allí estaba él. Al principio se dijo a sí misma que eran sólo meras coincidencias, pero cuando se percató de que se tropezaba con su mirada anhelante y su forzada sonrisa allá donde mirase, se dio cuenta de que aquello no podía deberse a ninguna casualidad. No obstante, decidió ignorarlo, comportarse como si no existiese, y así pasó el tiempo, encontró pareja y aquel extraño camarero aparentemente obsesionado con ella dejó de perseguirla después de verla en dos o tres ocasiones con aquel otro hombre.


    … Hasta que al cabo de un par de años, volvió a encontrarse con su mirada ansiosa y su sonrisa torcida en la página de sucesos del periódico. Con asombro y una pizca de miedo, Sonia leyó que el tipo estaba en busca y captura por haber asesinado a su pareja. Y tenía, además, un amplio historial delictivo por acoso y malos tratos.
     

     

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