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Apaga y Vámonos
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Blog Apaga y Vámonos - María Sánchez Lozano

María Sánchez Lozano

María Sánchez es colaboradora habitual del periódico La Provincia en su edición de papel. Sus relatos de la serie Apaga y Vámonos se publican cada sábado en el suplemento sabático YES desde hace ya dos años y se incorporan ahora a la versión digital del diario.

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Amores y desamores para reír y no llorar


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  • 09
    Abril
    2014

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    La nueva mujer

    Mi amiga Ana es una mujer moderna, y con moderna no me refiero a la obviedad de que sea autosuficiente económicamente y tenga una brillante carrera profesional, porque esto ya no es una excepción en los tiempos que corren y gracias a Dior. No. Lo que quiero decir con moderna es que no se escandaliza con casi nada a pesar de no haber perdido la capacidad de sorprenderse con prácticamente todo y que apenas le queda rastro de su educación católica y machista, porque ha empleado buena parte de su energía y desde luego, toda su inteligencia, que no es poca, en  sacudirse de encima la mayoría de los prejuicios que venían en el pack. Ana tiene, además, un sueldo más que decente, un montón de amigos y, lo más importante, es emocionalmente independiente, con lo que tiene el firme convencimiento de que está infinitamente mejor sin convivir con un hombre. Pero no crean que llegar a esa conclusión le resultó fácil, qué va, de hecho le costó catorce años de matrimonio, un hijo y un traumático divorcio, y perdónenme la redundancia, porque todavía no me he encontrado yo una separación que no sea traumática, al menos para una de las partes.
     

    Así que Ana, básicamente y en lo tocante al sexo opuesto, vive su vida en la famosa filosofía del carpe diem, tan de moda por estos días, aunque evidentemente, sólo cuando las circunstancias se lo permiten. En cualquier caso, mi amiga procura disfrutar de lo que se va encontrando por el camino, aunque la mayoría de las veces, en vez de flores, se dé de bruces con piedras que no le da tiempo a esquivar, incluso aunque en ocasiones sean las mismas piedras de siempre. Y estoy segura de que la mayoría de ustedes sabrá a lo que me refiero…


    Pues me contaba Ana el otro día, que hacía algunos fines de semana había conocido a un veinteañero que no estaba nada, pero que nada mal, y que acordándose del relato aquel de las cougarts y los toyboys, se había desembarazado de uno de los pocos prejuicios que le quedaban y se había lanzado a la piscina canturreando aquel mantra de “a vivir, que son dos días” y diciéndose, cual Escarlata a las puertas de Tara, que ya lo pensaría mañana, cuando su Pepito Grillo le sacudió el paraguas en las narices y la llamó “asaltacunas”.


    Tres ji-ji, dos ja-ja, porque para qué aburrirlos contándoles los tediosos preámbulos, idénticos entre sí en la mayoría de los casos, y acabaron en casa del muchachito, ya que en la de Ana dormía su hijo plácidamente. Luego, pasaron horas de sorpresas agradables en alguno casos, como la de constatar que aquel jovencito sabía ya más que los ratones “coloráos” en lo que a las artes amatorias se refería, y otras menos del gusto de mi amiga, como que el tipo era un metrosexual y no tenía ni un solo pelo en el cuerpo. Y cuando digo ni uno sólo, quiero decir ni uno sólo… No, ni siquiera “ahí abajo”, si es eso lo que se estaban preguntando.


    En cualquier caso, fue una noche larga, divertida y muy, pero que muy movida… Cuando amaneció, y tras constatar que su amante dormía profundamente a su lado, Ana se atrevió por fin a deslizarse fuera de la cama para atender la llamada de la naturaleza, que llevaba reclamándola al menos un par de horas, y escabullirse, de puntillas, en busca del cuarto de baño. No le costó demasiado dar con él, porque la casa tampoco es que fuera la mansión de los Brangelina, y tras cerrar la puerta y encender la luz, mi amiga se llevó una impresión mayor que si se hubiese encontrado al mismísimo Anthony Perkins con peluca y todo. Y es que allí, alineados en perfecto orden y expuestos a ojos curiosos, el nuevo amante de mi amiga tenía más potingues que ella: Había un par de after-shave, otras tantas cremas hidratantes, varias colonias de marca, anti-arrugas para el contorno de los ojos, body-milk, un tónico y varios botes de distintos grados de protección solar… Después de aquello, Ana empezó a creerse eso que dicen de que el hombre es la nueva mujer.

     

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