Blog 
Apaga y Vámonos
RSS - Blog de María Sánchez Lozano

El autor

Blog Apaga y Vámonos - María Sánchez Lozano

María Sánchez Lozano

María Sánchez es colaboradora habitual del periódico La Provincia en su edición de papel. Sus relatos de la serie Apaga y Vámonos se publican cada sábado en el suplemento sabático YES desde hace ya dos años y se incorporan ahora a la versión digital del diario.

Sobre este blog de Gente

Amores y desamores para reír y no llorar


Archivo

  • 21
    Septiembre
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Relaciones descompensadas

    A la gran mayoría de nosotros, o al menos de nosotras, que somos en realidad las que les damos vueltas a esas cosas porque, salvo honrosas excepciones, y corríjanme si me equivoco, que para algo tienen una dirección de correo electrónico al final de esta columna, generalmente ellos no son mucho de comerse el coco con los asuntos amorosos. Pues a la mayoría de nosotras, corrijo, nos han vendido durante toda la vida que lo que mantiene vivas las parejas son, básicamente, el amor, la fidelidad y el sexo frecuente. Sin embargo, a estas alturas del partido, con suerte empezando el segundo tiempo, después de un largo periodo de observación y de otro casi tan largo de experiencia propia, he llegado a la ineludible conclusión de que, en realidad, el ingrediente verdaderamente importante para que exista  armonía en la pareja no es otro que el equilibrio, imprescindible, por otra parte, para que funcione casi todo en la vida. O al menos eso dicen los chinos.


    A lo que me refiero con esta rotunda afirmación que ustedes, obviamente, pueden compartir o no, y que reconozco que quizás suene algo new-age, es a que desde que haya uno de los dos miembros de la pareja que dé mucho más que el otro, desde que la relación se descompense y sea uno el que empiece a tirar mucho más del carro, o a poner más de su parte, o a echarle más ganas, o como lo quieran decir, entonces, apaga y vámonos. Crónica de una muerte anunciada. Y si no, que se lo digan a mi amiga Alicia.


    Alicia es una mujer generosa, alegre y tolerante, pero también insegura hasta extremos casi patológicos y no muy agraciada físicamente. Probablemente por todo esto, Alicia tiene una tendencia casi enfermiza a buscar la aceptación de los demás justificando todo tipo de comportamientos ajenos, incluso los absolutamente injustificables, como malos tratos o gestos malvados, recurriendo a argumentos totalmente peregrinos para el resto de los que tienen el dudoso placer de presenciarlos, y esto la convierte en carne de cañón para mezquinos, déspotas y cabrones en general. Por eso, a lo largo de su vida Alicia se ha enamorado de hombres casados que nunca cumplían su promesa de separarse, de alcohólicos que jamás aceptaban desintoxicarse y sobre todo, de egoístas que exigían mucho y no daban apenas nada…


    Así que cuando Alicia conoció a Jose, sus amigas apenas éramos capaces de dar crédito a su aparente normalidad: Jose no estaba casado, no tenía ningún vicio del que preocuparse y desde luego no parecía un maltratador, así que todas cruzamos los dedos y deseamos vehementemente que, esta vez y por fin, nuestra amiga hubiese encontrado a un hombre que la hiciese verdaderamente feliz o, por lo menos, que no la hiciera infeliz, como había ocurrido hasta entonces.


    Como suele suceder en estos casos, Alicia desapareció del mapa durante los primeros meses de su relación con Jose y nosotras, cómo no, nos alegramos de que estuviese disfrutando de su bien merecido banquete de perdices, pero fue cuando reapareció de nuevo cuando saltaron todas nuestras alarmas: Porque mientras que ella se mostraba pendiente de cada uno de los deseos y necesidades del hombre del que obviamente estaba enamoradísima, él apenas mostraba un condescendiente interés en nuestra amiga, e incluso parecía un poco agobiado, probablemente con razón, por el exceso de atención que ésta le dedicaba.
     

    Alarmadas, algunas de nosotras intentamos hablar con ella, hacerle ver que un comportamiento tan obsesivo sólo podía perjudicarla, a ella y a su relación, pero lejos de hacerle cambiar de actitud, nuestras palabras no hicieron más que acrecentar la inseguridad de Alicia, y poco después toda su vida giraba en torno a aquel hombre que, como era de esperar, cada vez se mostraba más despótico y tirano con ella, a sabiendas de que nada de lo que hiciera cambiaría su absoluta devoción por él.


    Al cabo de algunos meses más, Alicia nos llamó hecha un mar de lágrimas: Jose la había dejado, argumentando que se sentía asfixiado y que no podía querer a una mujer que no sólo no le dejaba a él un poco de espacio, sino que tampoco lo necesitase para sí misma.
     

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook