Blog 
Apaga y Vámonos
RSS - Blog de María Sánchez Lozano

El autor

Blog Apaga y Vámonos - María Sánchez Lozano

María Sánchez Lozano

María Sánchez es colaboradora habitual del periódico La Provincia en su edición de papel. Sus relatos de la serie Apaga y Vámonos se publican cada sábado en el suplemento sabático YES desde hace ya dos años y se incorporan ahora a la versión digital del diario.

Sobre este blog de Gente

Amores y desamores para reír y no llorar


Archivo

  • 05
    Julio
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Las Palmas Gente cita ridículo vergüenza

    Una vis cómica

    No es que Sole sea especialmente graciosa ni que esté tocada por el hado del ingenio, pero es innegable que tiene una tremenda vis cómica. Ella no hace absolutamente nada por explotarla, de hecho, es tan reservada que la mayor parte del tiempo se esfuerza en no llamar la atención, pero no suele tener demasiado éxito en la empresa y en la mayoría de las ocasiones su fracaso es debido a esa involuntaria tendencia a la payasada con que su genética, su educación, o puede que ambas, la han dotado.


    Sin querer, Sole pone caras graciosas y dice cosas graciosas, pero, sobre todo, a Sole le pasan cosas graciosas e inesperadas que hacen que los presentes se tronchen de la risa. Ejemplos, todos: si Sole va caminando por una calle tan concurrida como unos grandes almacenes del centro el primer día de rebajas, es a ella a quien le caga encima la paloma, si hay un charco enorme en medio de la calle, ella es la única que lo pisa y se pone perdida, porque casi siempre va pensando en las musarañas… Sole tropieza y trastabilla, o incluso se cae, en los lugares más inverosímiles, es un imán, al parecer irresistible, para todo tipo de freaks, que la involucran en situaciones de lo más descabelladas y absolutamente desternillantes, y también, como no podía ser de otra manera, es la reina de las citas desastre.


    Fíjense que precisamente debido a esa vis cómica que parece ser la cualidad más representativa de Sole, mi amiga liga lo que no está en los escritos, porque los hombres que la conocen encuentran absolutamente irresistible esa particularidad suya que suele parecerles a todos ellos, con pocas excepciones, divertida y tierna a partes iguales. Y sin embargo, quizás porque esos hombres buscan salvarla de sus propias meteduras de pata y ella no necesite ningún héroe de pacotilla que la rescate de nada y mucho menos de sí misma, ya que Sole se siente la mar de a gusto con sus peculiaridades, incluso con esta, todavía no ha conseguido que ninguna de las pocas relaciones que ha comenzado después de un extenso muestrario de citas con anécdotas varias, sobrepase la temible y para ella infranqueable frontera de los tres meses.


    A pesar de esto, Sole, inasequible al desaliento, sigue concertando citas y contándonos luego a sus amigas su último momento “tierra, trágame”. Pero no cabe duda de que lo que le pasó en la última ostenta el dudoso honor de ocupar el podio de las anécdotas más desternillantes. Para todos menos para ella, claro.


    Al parecer, nuestra amiga conoció a un chico en la sección de perfumería del súper que, tras algunos minutos intercambiando miraditas, la abordó para preguntarle qué marca de crema depilatoria le recomendaba. Cuatro ji-jis, dos ja-jas, algún comentario involuntariamente gracioso de mi amiga y el metrosexual aquel ya había caído rendido a sus pies y le había pedido su número de teléfono, así que el sábado siguiente, Sole se puso el traje de luces y salió al ruedo con la ilusión de salir a hombros de la plaza.


    La cena transcurrió sin grandes contratiempos, porque ella se esforzó en medir cada uno de sus gestos y palabras para evitar cualquier intento de su ya famosa vis cómica de hacer de las suyas, y después de que su nuevo futuro amor pidiera y pagara la cuenta sin aceptar ni medio pero por su parte, Sole se disculpó para hacer una incursión al cuarto de baño… Y fue cuando salían ya del restaurante y su galante acompañante le sujetó la puerta para que ella pasase primero, cuando sintió como éste se le acercaba por detrás y le susurraba al oído: “Perdóname la grosería, pero seguro que me agradecerás que te diga que se te ven las braguitas”. Dando un respingo, Sole intentó pasar por alto que era más que obvio que su Pepito Grillo intentaba contener la risa y, llevándose ambas manos a la zona en cuestión descubrió que, en efecto, la falda se le había quedado metida por dentro de las medias cuando se las había subido en el cuarto de baño y se había estado paseando por el restaurante con el culo al aire.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook