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Armando Ojeda

Redactor de La Provincia./ Diario de Las Palmas. Periodista. Social Media. Comunicación.

Sobre este blog de Tecnología

Puntos de vista sobre el cacharrero digital, e incluso asuntos m√°s serios en la red. Eventualmente.


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  • 13
    Junio
    2014

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    Actualizar y resetear

     La crisis, dicen, ha colocado al ciudadano occidental frente al espejo... y no le ha gustado lo que ha visto. La crisis, apuntan, es la principal causa de que hayan surgido movimientos m√°s o menos espont√°neos de protesta social, como el 15M o Occupy Wall Street, que los partidos minoritarios hayan ganado adeptos en un breve periodo de tiempo o que Podemos protagonice hoy un fen√≥meno nacional que gira en torno a la decepci√≥n de los administrados.

    La crisis, claro, es motor de muchas cosas, porque indefectiblemente algo se acaba moviendo cuando aprietan las facturas y el dinero no da.
    Sin embargo, asistimos también a un cambio en la cultura del ciudadano como sujeto del sistema, que a buen seguro ha sido anotado ya por los antropólogos. Después de décadas enteras en las que hemos dado por supuesto que la Democracia es un sistema inmóvil, imposible de tumbar en el modo de vida de los países desarrollados y que propicia el desarrollo de una clase media.
    Despu√©s de lustros y lustros de desgaste p√ļblico y p√©rdida de prestigio de instituciones y pol√≠ticos. Despu√©s, finalmente, de una recesi√≥n econ√≥mica en toda regla, con el foco colocado sobre la ventanilla del banco. 
    Leo en varias fuentes que respiramos un momento en el que es necesario  resetear  el modelo, tumbar pautas y actitudes de los dirigentes, renovar sus nombres. Leo que incluso los m√°s cr√≠ticos con la melod√≠a de Podemos y similares justifican su respaldo popular instant√°neo en la sensaci√≥n que el vecino tiene, esa necesidad de  actualizar  la Democracia. E incluso se puede apuntar que la sucesi√≥n real reci√©n anunciada invita a un F6 para, igualmente,  actualizar  Borb√≥n, en una met√°fora en absoluto cr√≠ptica en los tiempos que corren. Un sector de la poblaci√≥n se ha manifestado incluso sobre la oportunidad de apostar por una Rep√ļblica 3.0.
    ¬ŅQu√© est√° pasando? En la convenci√≥n pol√≠tica estas cuestiones se han abordado con un lenguaje mucho m√°s agresivo. Diferentes l√≠deres y partidos han hablado y actuado  a lo largo de la historia para "derrocar" reg√≠menes, "renovar" los gobiernos, "desterrar" adversarios, "instaurar" pol√≠ticas, "reformar" leyes o "regular" conductas. Con propiedad, se alude a verbos como los de "legislar", "tomar posesi√≥n" o el expl√≠cito "gobernar". Menos, a "dimitir".
    Pero resulta que la generaci√≥n que protesta, a la que se suman no pocos mayores o m√°s j√≥venes, se expresa en t√©rminos como  actualizar  o  resetear  el sistema, en un lenguaje que no s√≥lo entiende, sino que se ajusta mejor a su comprensi√≥n del mundo que habita.
    Lo tomo como una se√Īal de buena salud ciudadana.
    Al fin, caminado ya un buen tramo de siglo, el usuario se ha acostumbrado a actualizar el software de su PC de forma periódica, renovar sus apps, probar otros sistemas operativos y cargar nuevas versiones de sus herramientas ofimáticas habituales. Ha interiorizado que esa es la dinámica inherente a su estilo de vida, lo cual no implica destruir el ordenador, o el smartphone, o la tableta...
    Borrar todo un disco duro y volver a instalar la √ļltima versi√≥n de Windows, por ejemplo, puede resultar tremendamente molesto si se pierden datos en el proceso, pero en general no alcanza a ser una experiencia traum√°tica. El equipo sigue funcionando, aunque los iconos sean distintos.

     

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