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Armando Ojeda

Redactor de La Provincia./ Diario de Las Palmas. Periodista. Social Media. Comunicación.

Sobre este blog de Tecnología

Puntos de vista sobre el cacharrero digital, e incluso asuntos más serios en la red. Eventualmente.


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  • 07
    Noviembre
    2013

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    Frivolité

    Las redes sociales agudizan la tendencia. El estado de opinión en las sociedades occidentales se mueve hoy entre dos polos: la sublimación de lo políticamente correcto y la estética vacua de lo alternativo. O la protesta extrema de quien sólo busca la notoriedad o el escándalo. Entre la defensa de la doctrina Parot y la última reflexión de Risto Mejide. 

    Cuando la militancia se ha convertido en una cuestión de estilo, resulta inevitable incurrir en la frivolité. Ejercer de socialité, por ejemplo. Y continuar utilizando los perfiles sociales como el pozo en el que se desahoga nuestra vanidad. Que Instagram haga constar ante el mundo lo rico que está el postre que comemos o lo bonitos que son los zapatos que estrenamos. Lo bien y con quien nos lo pasamos. 
    Toda una industria se juega su futuro en este mar de egos. A la publicidad y el marketing se les achaca un rasgo despiadado y frívolo: la capacidad de envolver de cariño y sentimiento un producto o una marca, para luego sacar tajada. En el contexto Social Media, la Comunicación es señalada con el dedo por invadir con anuncios y mensajes corporativos los foros diseñados para compartir experiencias particulares. Aunque éstas luego no lo sean tanto, por el afán de vocearlas. Los anuncios molestan, señalan los puristas y susurran en Menéame. 
    No les falta razón, obviamente. Cómo no va a resultar inconveniente la publicidad cuando viene impuesta en el time line, sin opción posible de evitarla. Sin embargo, el ecosistema socio-digital desdibuja el ideal del usuario libre, con vocación de informado y conciencia de la red. 
    El debate serio y con poso, y no un intercambio pasional de puntos de vista, resulta tan raro en Facebook o Twitter como un programa de televisión que hable de literatura. La limitación de caracteres para transmitir un mensaje, es cierto, deviene en reflexiones en extremo ingeniosas y hasta brillantes. Pero el ingenio no es exactamente lo mismo que la inteligencia. Una frase con chispa y conseguida o incluso una sucesión bien encadenada de ellas no revelan un proceso complicado. Lo auténticamente difícil es argumentar un discurso. Quizás el marketing haya educado definitivamente al público, que prefiere el claim a la conversación. #50CosasSobreMi fue esta semana Trending Topic en España. 

     

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