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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas m√°s reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace m√°s 30 a√Īos, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro a√Īos se baj√≥ de la vor√°gine de la prensa diaria y dej√≥ el peri√≥dico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 28
    Agosto
    2015

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    Sociedad Las Palmas

    Confidencias de pupitre

    La profesora no la tenía como una niña despistada y un día, cuando el bullicio del aula se lo permitió, se abrió paso y mantuvo una charla con ella, 10 años por entonces. “Mira”, le dijo, “tienes que decirle a tu madre que por la noche te deje todo preparadito para que no te olvides de nada, siempre te falta algo…” Lo que no tenía previsto la profesora fue la respuesta de su alumna. “No es mamá, es abuela”. Entonces supo que la mamá de la niña la tuvo de una relación sin futuro. Como estaba previsto aquello se hizo trizas y poco a poco se apartó de la familia y de su hija. Cada vez la dejaba con más frecuencia en casa de familiares hasta que la pequeña acabó viviendo con su abuela. En la confidencia de pupitre le contó a la desconcertada profesora que su abuela la había criado pero que ya era muy mayor: “Tiene 74 años”, comentó. A la profesora le pareció que bastante tenía ya la señora como para dedicarse a preparar libros, material escolar. Desde ese momento se interesó por la situación de la pequeña y supo de los esfuerzos de la abuela, no solo para sacarla adelante sino para adaptar su vida a la de una rabuja. La abuela se cansó de enviarle recados a su hija para que asumiera su responsabilidad hasta que decidió que aquella niña sería suya y como tal la crio. La buena mujer contó pormenores a la maestra y ella acabó implicándose en la vida de aquella niña a la que ya no miraba como una alumna y sí como alguien que necesitaba estar con niños de su edad; justo los que ella tenía. Tres. Fue consciente de que la abuela no podía con la situación y un día le propuso llevársela a su casa los fines de semana. Allí compartiría juegos, risas y deberes con sus chicos. La convivencia de fin de semana se convirtió con el tiempo en algo más continuado; la alumna seguía en la casa de su abuela a la que le hablaba ilusionada de sus nuevos amigos. Todos fueron cumpliendo años y la abuela a sufrir los achaques propios de la edad. La pequeña había dejado caer que de mayor quería ser enfermera. Quien fue su protectora la encaminó al Colegio de Enfermería haciendo el papel de la madre ausente.

    Si un día ven a una enfermera morena, menuda y con gafas, es ella.

    marisolayala@hotmail.com

     

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