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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 24
    Mayo
    2016

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    Sociedad Las Palmas

    Dolores, la madre guerrillera

    Un día de principios de 1994 Dolores estaba desesperada porque su hijo “Isi”, esquizofrénico, se escapaba de casa, agredía t amenazaba a la gente. Ni su madre ni sus hermanos podían con el. Así empezó su lucha.

    Dolores Lorenzo tiene 83 años. 40 de ellos los ha vivido entre papeles, denuncias, informes médicos y despachos oficiales, arrastrando la pena de ver a su hijo, Isidoro Hernández Lorenzo (23-9-1953), un enfermo mental diagnosticado de esquizofrenia; abandonado por la administración sanitaria canaria que jamás lo atendió con arreglo a su estado de gravedad. La Salud Mental en Canarias y sus carencias pasan por Dolores. Poca gente he conocido que hayan emprendido una lucha sin cuartel para lograr algo que no debían mendigar los enfermos, mentales o no: atención digna.

    Dolores, la madre guerrillera

    Para situar al lector diremos que un día de principios de 1994 Dolores estaba desesperada porque su hijo “Isi” se escapaba de casa, agredía, amenazaba a la gente. Su madre y hermanos ya no podían con él. “Acabará matando a alguien”, advertía temerosa. Y ese día se presentó en la puerta de LA PROVINCIA “a ver si sale alguien y le cuento lo de mi hijo”, pensó. Así supe de su existencia.

    En sus manos llevaba una bolsa plástica llena de papeles. Eran firmas recogidas en su peregrinar por pueblos, reivindicando la ansiada cama hospitalaria para liberar a su familia de un riesgo cierto. Al muchacho se le desencadenó una enfermedad mental (esquizofrenia) cuando estaba cumpliendo con el Servicio Militar en Madrid. “Creo que tenía unos 20 años”, cuenta su progenitora. Lo devolvieron a casa y, desde entonces, las cosas fueron de mal en peor. Hace un año y poco que su cuerpo no resistió y murió. Su madre lo que quiere ahora es pasar página no sin antes dedicarle un último reportaje a su memoria, el homenaje amoroso de su razón de vivir, sin más.

    En mayo de 1999 Dolores ya no sabía qué hacer y denunció en el Juzgado cómo se encontraba su hijo y el peligro que suponía para la familia. “Aunque cuando estaba bien, que eran pocas veces, era buenísimo, las cosas como son”, precisa. Un día de ese año Dolores, que ahora cuenta con 83 años, puso otra denuncia después de que le dieran el alta en el hospital. “Vivir lo que yo he vivido no lo ha vivido nadie. En mi casa todo eran agresiones, gritos, insultos, carreras, problemas con sus hermanos, etc., que, y así se lo dije al juez, un día acabarían en tragedia. Pero a un hijo no se le abandona nunca. Desde por la mañana me iba con él a pasear, de guagua en guagua. A entretenerlo”.

    Dolores se hizo guerrillera a la fuerza. Desconocía de lo que sería capaz por un hijo enfermo. Y cuando tenía 71 años, un día se envalentonó y sin pensarlo dos veces llamó a un vecino para que le hiciera un escrito exigiendo un sitio para ingresar al hijo. Solita se echó a la calle a recoger firmas. “Me anduve toda Gran Canaria”. Pero poco a poco Dolores cogió carrerilla y acabó haciendo pegatinas contra la administración, “para ponérselas en todas partes”, y pancartas en la azotea que luego colocaba allá donde le dejaban. El texto era siempre el mismo: “Atención y dignidad para los enfermos”. Todavía tiene algunas guardadas.

    Hasta entonces ella y todas las madres que estaban en la misma lucha vivían alejadas de los problemas relacionados con la salud mental porque la vida les había llevado por senderos bien distintos. Un día, la pesada losa de la enfermedad les cayó encima y no les quedó otro remedio que reaccionar y combatir la desidia administrativa con pancartas, protestas, apariciones en la prensa y reuniones. En primera fila, Dolores.

    Lo que pasa es que “un hijo duele mucho y un hijo enfermo mucho más”. Lo cierto es que poco a poco Dolores y sus compañeras, la mayoría mujeres, se fueron agrupando en torno a la Plataforma de Familiares de Enfermos Mentales y desde allí unas tiraron de otras, compartieron angustias y problemas, y se dieron cuenta de que había que echarse a la calle.

    “Yo misma no tenía ni idea de que las cosas en Salud Mental estaban tan mal. Cuando me hablaron de esquizofrenia me asusté. Pero pensé, bueno, lo meteríamos en un centro y ya está. Cuando me enteré de que no había nada, que no había camas, que todo es un desastre, el mundo se me vino encima. ¿Qué hacíamos entonces? Luchar. Yo creo que son muchos los que no tenían ni idea de lo mal que están las cosas para estas personas”...

    Continúa leyendo en www.marisolayala.com 

     

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