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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 21
    Enero
    2014

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    El diciembre de Iván

    Hay personas que frente al dolor más punzante y la pena más insoportable mantienen una actitud admirable. Dudo mucho que usted, yo misma, afrontemos la muerte de un hijo sin que se te descomponga la vida, sin que la humana venganza se apodere de ti. Lo dudo. Si el suceso de que hablaré hoy fue doloroso para la sociedad canaria no acierto a imaginar cómo lo fue para sus padres, Geli y Rafa.

    Se llamaba Iván Robaina, tenía 19 años y la madrugada del 7 de diciembre de 2008 lo mataron a patadas y de paso mataron a sus padres. Tres pandilleros salieron ese día de cacería y en la oscuridad de la noche se tropezaron con Iván, al que no conocían. Lo acosaron en Franchy Roca hasta que le partieron la cabeza. Después de aquellos días, una vez que el foco mediático cambió de lugar, conocí a Geli. Poco a poco durante ocho años hemos ido construyendo una amistad que charla a charla aborda la problemática juvenil, la educación, la tolerancia.

    A veces, pocas, hablamos de Iván pero recordamos aquella mañana lluviosa cuando ambos, ellos, sacaron fuerzas para presidir una manifestación que tenía como objetivo frenar la violencia juvenil, gritar que ese no es el camino. Hemos hablado mucho de la generosidad de los ciudadanos, de Iván, del futuro que le esperaba, de lo vacíos que se quedan quienes han perdido un hijo así, trágicamente. Siempre que entramos en ese episodio duro y amargo descubro a una mujer tolerante, comprensiva, a veces rota de dolor, pero sin el rencor que tendríamos los que no estamos a su altura.
     Siendo para ellos insoportable el año entero, supongo que la vida entera, desde aquel diciembre dejan la ciudad. Se marchan. Imposible manejar tanto dolor. La admiración por mi parte y el afecto por parte de ambas nos anima a saludarnos allá donde estén, en el país que sea. La grandiosidad de las redes. Yo sé que se van y ellos saben que yo lo sé. Inesperada y sorprendente la vida que nos ha permitido cimentar una amistad presidida por una dolorosa ausencia, la de Iván.

    Qué admirables son mis amigos.
     

     

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