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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas m√°s reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace m√°s 30 a√Īos, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro a√Īos se baj√≥ de la vor√°gine de la prensa diaria y dej√≥ el peri√≥dico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 21
    Abril
    2015

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    Sociedad Las Palmas

    Evocando a Lolita Pluma, libertad y extravagancia

    Cada pueblo, ciudad o barrio tiene un personaje que llama la atención por su forma de vestir, de actuar; por su carisma, por el amor que desprende o sabe Dios por qué. La sociedad lo hace suyo y se acabó el debate. No hay más. Lo queremos y ningún argumento con más fortaleza que ese. Entre ellos hay uno, Lolita Pluma, que éste mes cumpliría los 110 años y a quien hoy me apetece recordar en la seguridad de que para las nuevas generaciones es una gran desconocida. Y es lógico; el tiempo ha ido sepultando su memoria. Una escultura en el parque Santa Catalina de su alma la recuerda, es cierto, pero su figura, sus idas venidas, sus miles de historias, se han ido alejando de la sociedad, diluyendo. Y es que cuando nadie te recuerda pasa eso, que todos te olvidan.

    Evocando a Lolita Pluma, libertad y extravagancia

    Hace poco un amigo me envió la foto que ilustra el texto y ahí la tienen a lomos de un caballo blanco de feria. Imagen entrañable. Ingenua, feliz, coqueta y joven. Lolita Pluma en estado puro. Esa foto es la que ha motivado el texto que hoy le dedico a uno de los personajes más queridos y populares de nuestra ciudad, una figura urbana de cuando el parque Santa Catalina era aquel parque, el escritor Orlando Hernández escribió su vida y Lolita se paseaba vendiendo caramelos, cigarrillos sueltos, chicles o flores de papel o postales siempre seguida o acompañada en su venta ambulante por una hilera de gatos. Cuando vivíamos en otra ciudad, menos moderna, atada al pasado. Esos son los recuerdos que guardo de Lolita Pluma a la que conocí brevemente y cuando ya su vida caminaba por la pendiente a la que le condujo su enfermedad mental.

    Nuestra mujer nació en La Isleta el 4 de marzo de 1904 (otras fuentes sitúan su nacimienton Arucas). Se llamaba realmente María Dolores Rivero Hernández, “Lolita Pluma”. Nació el mismo año en el que nacieron personajes tan célebres como Gary Grant, Glenn Miller, el militar, Joan Crawford, Bing Crosby, Salvador Dalí, el “Tarzan” del cine Johnny Weismüller, Pablo Neruda,  Graham Green y tantas otras celebridades pero no cometeremos el error de compararla con nadie. Cada cosa en su cosa. Ella era, con sus virtudes y carencias, Lolita y punto. Todas esas figuras tuvieron un buen vivir, nuestra “Lolita Pluma”, no. Ni mucho menos. Su vida transcurrió en la isla de Gran Canaria. Dolores vino al mundo en Las Palmas de Gran Canaria (La Isleta). Sus padres eran y vivían en Arucas. Muy poco se supo nunca de su niñez pero cuentan que Dolores/Lolita conoció el parque Santa Catalina siendo una niña por medio de su abuela quien la llevaba a la zona cuando venía a la capital. Al parecer el apodo de “Pluma” lo heredó de su padre y de su abuelo. Los llamaban así, dicen, porque era de los pocos que en la Arucas de entonces sabía escribir con pluma.  Lolita se casó pero le fue mal y poco tiempo después se separaría. No se sabe si fue a raíz de ese matrimonio y su descontrol, lo cierto es que acabó con problemas psíquicos. A nadie se le ocultó nunca que “Lolita Pluma” tenía problemas mentales que se le fueron agravando con los años, más su incapacidad para ordenar su vida, sin cabeza y sin medios.

    Algunas crónicas cuentan que tal vez fue evocando su niñez y sus paseos de la mano de su abuela por lo que se vino al parque Santa Catalina recién separada de su marido. A partir de ahí se dedicó a vender flores de papel, chicles y más postales a los turistas para ganarse unas perrillas. Lo cierto es que la gente la bautizó como “Lolita Pluma” convirtiéndose rápidamente en un personaje muy querido y popular, una popularidad que ganó ella sola, a pulso, día a día y en una época en la que no existían televisiones pero como comprobarán no le hizo falta para alcanzar la fama doméstica, pero fama al fin. Su escuela fue la calle y así aprendió su lenguaje callejero con todas sus consecuencias. Muchos no se atrevían a llamarle la atención o comentarle nada que la contrariase para no escuchar una ristra de insultos en lo que sí era una alumna aventajada de la calle. Nunca se separaba de su vieja caja de cartón siempre repleta de chicles Adam’s de sabores. Los gatos abandonados la adoraban ya que los alimentaba y mantenía charla con ellos.

    Continúa leyendo en el blog www.marisolayala.com

     

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