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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 14
    Agosto
    2014

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    Gajes del oficio

    Les voy a contar una batallita de las mías. Allá voy. Hoy pasé por un edificio de mi barrio de siempre, Alcaravaneras, y recordé que hace años en ese mismo portal me intentaron agredir. No, no, me agredieron. En la casa vivía un médico traumatólogo de Las Palmas que había sido acusado y posteriormente condenado de violar a una joven de Fuerteventura que viajó a Gran Canaria para acudir a su consulta. La chica sufría dolores de espalda. Cubrí la información y como entenderán su familia, vecinos del barrio, no me querían bien. El fulano ingresó en prisión y un día al pasar por la puerta de la casa que menciono la madre y el hermano del violador me echaron el coche encima. Un golpe en la pierna. Casi me atropellan. A gritos me llamaron de todo. De todo. Para ellos yo era la culpable única de que el médico, orgullo familiar, acabara en la cárcel. No los denuncié porque pensé que bastante tenían ya (especialmente la señora) para añadirles más dolor a su dura situación. Durante el proceso judicial quedó probado que el tipejo sedó a la chica para manipularle la columna y aprovechando su estado la violó. Recordé el suceso por el barrio en el que vivíamos el condenado y yo y por un detalle que nos llamó la atención a todos los presentes. La joven víctima, una chica alta, guapa, se trasladó desde Fuerteventura a las Palmas para declarar en el jucio en medio de la gran expectación que despertó el caso. La sala de la Audiencia Provincia estaba llena. En ese contexto le preguntaron si quería declarar a puertas cerradas y su respuesta fue un ”no, yo no tengo nada que esconder, el procesado sí”.

    Quizás una de las personas que peor lo pasó con el proceso fue mi madre que a veces coincidía con la madre del violador en las tiendas del barrio y para ella era muy violento. Imaginen. Eso, gajes del oficio.

     

     

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