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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 12
    Diciembre
    2015

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    Sociedad Las Palmas

    Han agredido a un político. Lo que la ciudad esconde (II)

    Dedicado al concejal de Podemos (LPGC) Jacinto Ortega, a quien dos encapuchados le propinaron una paliza cuando salía del mitin de Pablo Iglesias en Las Palmas de GC.

    Hay textos que tienen vida, que caminan y crecen solos; textos a los que con el paso de los días la actualidad se empecina en darles más contenido. El 8 de noviembre escribí lo que pueden leer a continuación y que titulé “Lo que la ciudad esconde”. Se trataba de una columna sobre varias brutales agresiones a vecinos de Las Palmas de Gran Canaria que he ido conociendo y que tienen como modus operandi un pasamontañas, unos ojos anónimos, ira y delincuencia. Nunca sospeché que un mes y medio después tendría más material del mismo corte para cerrar la cuadratura del círculo. En mi ciudad, Las Palmas de Gran Canaria, un concejal de su Ayuntamiento por Podemos, Jacinto Ortega, ha sido noticia nacional. Dos encapuchados le propinaron una paliza cuando se dirigía a su casa después de acudir al multitudinario mitin de Pablo Iglesias en Guanarteme.

    A pesar de que todos los caminos van por donde ya sabemos; personalmente me resisto a creer que en democracia dos desalmados decidan -o “les decidan, ojo”- ponerse un pasamontañas para intentar cambiar el recorrido electoral. Y lo digo muy en serio. Seré una ingenua, pero me parece tan estúpido que a un modesto concejal de Podemos le agredan en plena campaña que, partiendo de esa ingenuidad, a medida de que pasan las horas me voy quedando sola en esa creencia. Todos sospechan de lo mismo. Intimidar. Lo cierto es que en nuestra ciudad aunque las Fuerzas de Seguridad no lo reconozcan se están produciendo demasiados casos similares es decir, agresiones con el pasamontañas como referente.

    Han agredido a un político. Lo que la ciudad esconde (II)

     

    Algo está pasando y aún no lo sabemos en toda su magnitud. La agresión de Jacinto no deja de ser sospechosa. Tiene dos patas, por un lado su condición de ex sindicalista, a lo que hay que darle la importancia que tiene y por otro haber alcanzado una concejalía en el Ayuntamiento de Las Palmas por Podemos.  ¿En una de las dos está en origen de la agresión?, todo indica que así es aunque me cueste creerlo. Repito, están pasando demasiadas cosas que nos obliga a vivir con precaución, girando la espalda cuando te acercas a casa e invertir en seguridad como la mejor medida para dormir en paz. Sea por lo que sea, incluso incluyendo la violencia callejera, lo que ha pasado con Jacinto es un fracaso social. Que un modesto concejal elegido por los ciudadanos haya sido agredido nos avergüenza y duele.

     

    Poniéndonos en una de las dos hipótesis de la agresión, sindicalista o político, el asunto solo nos demuestra de lo que son capaces los que quieren escalar posiciones políticas. A golpetazos. Torpes. Torpes porque la ola de solidaridad que ayer recibió Jacinto Ortega y Podemos ha dejado a muchos en la cuneta, heridos de muerte. Si la razón es política, les ha salido el tiro por la culata. Y si la razón es sindical, ya tenemos una ficha más para un divertido puzle.

     

    En noviembre conté que “jamás me habían pegado. Ni mis padres. Es la primera vez que me ponen la mano encima”. Quien habla es un empresario que después de trabajar toda la vida una madrugada de hace un par de meses vivió el infierno en su casa. Escuchó ruidos, se levantó y por la mirilla vio a cuatro encapuchados. No le dio tiempo a nada. Echaron la puerta al suelo. Estaba solo. Lo amordazaron, lo golpearon, lo amenazaron, lo humillaron. Quince minutos de horror en los que ningún vecino atendió sus gritos de auxilio. Los atracadores buscaban dinero pero el hombre no tenía. Volvieron la casa del revés. Cuando se fueron llamó a la policía y lo trasladaron al hospital. Ni rastro. Van dos meses. Todavía hace esfuerzos para no llorar cuando relata el infierno vivido...

    Continúa leyendo en www.marisolayala,com

     

     

     

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