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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas m√°s reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace m√°s 30 a√Īos, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro a√Īos se baj√≥ de la vor√°gine de la prensa diaria y dej√≥ el peri√≥dico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 21
    Agosto
    2016

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    Sociedad Las Palmas

    Heredar rencores

    Pertenecían a distintos niveles culturales y económicos pero se enamoraron. Ella, abogada, 33 años; él no más de 24 años. Nada les importaba. Vanesa vivía en Gran Canaria y él en Cuba. En sus calles se buscaba la vida empujando carruajes con turistas y vendiendo figuras de madera. Ella iba y venía, él no; él la esperaba en La Habana. Fue una relación difícil ya que siendo casi un chiquillo, pícaro y guapo, la fidelidad estaba en peligro. Guapa y divertida, idealizó el régimen cubano y estaba loca por aquel chico. Sus padres en Canarias le recriminaban tanto viaje, gasto y desorden. Se habían conocido en Las Palmas durante un viaje del muchacho a las islas acompañando a sus tíos, músicos. A los tres meses regresó a Cuba y ella corrió a verlo. La historia pendía de un hilo; la ayuda que la mujer aportaba a la pareja era oxígeno. Cada vez que la novia llegaba a La Habana llevaba el suficiente dinero para vivir bien. En uno de esos viajes quedó embarazada y comenzaron los problemas. Después de años de engaños y discusiones el jarrón del amor se hizo puré. A los abuelos les preocupaba esa nieta a la que apenas conocían. No aprobaban la vida de su hija y viviendo ambas en Las Palmas de GC casi no se veían. Tendría 10 años cuando abrazaron a la niña. Estaban locos con la chiquilla pero poco les duró el contento. En uno de los tantos de viajes su hija a Cuba enfermó el hombre. “Vane” no quiso que le faltara nada. Ya no había amor pero sí una hija en común. Los abuelos, generosos, hablaron con ella y se trajeron al enfermo a Las Palmas para ponerlo en las mejores manos. Ella lo agradeció pero nunca perdonó el rechazo inicial de sus padres hacia el progenitor de la niña. Entre todos habían edificado un muro muy alto.

    Pasado los años cuando falleció la abuela la nieta se plantó en el tanatorio para despedir a quien apenas había visto en su vida. Deseos de mama. Tenía 22 años. La veló en silencio. Nadie conocía a la chica que lloraba discretamente hasta que alguien preguntó; “Es mi abuela”, contestó emocionada. Desde ese instante la niña que nadie conocía se convirtió en la reina de la familia. Se dan codazos para mimarla y verla bailar. Le apasiona. En fin, que con su gesto abrió las puertas de todas las casas.

    Las que cerraron los mayores.

    @marisol_Ayala

     

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