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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 24
    Noviembre
    2015

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    Sociedad Las Palmas

    Héroes anónimos

    La labor que realizan es tan desconocida como maravillosa. Les cuento. En los últimos dos años, 200 familias canarias han acogido a niños desamparados que teniendo padres biológicos se les torció la vida y antes de que Menores inscribiera a sus hijos en el listado de adopciones pidieron ayuda. La Asociación de Familias Acogentes, cada cual con sus vidas, sus hijos y su extraordinario compromiso son los artífices de esta heroicidad. Los niños que amparan llegan a casas donde hay risas, más niños, cama caliente y mucho cariño. Allí permanecen hasta que el Fiscal de Menores lo considera. Meses o años. Algunos han abierto las puertas hasta a 16 chicos en situación complicada, otros a dos, tres, cuatro. Los nuevos papis hacen esfuerzos para que la integración sea un éxito, hijos biológicos y acogidos bajo el mismo techo compartiendo padres y juegos.

    Como se imaginarán no hay dinero para pagar semejante compromiso; Menores abona 450 euros al mes por niño, cantidad ridícula para cubrir casa, comida y educación. Esas criaturas, de las que las familias solo conocen su desamparo, tocan en la puerta después de vivir mil problemas con padres drogadictos, delincuentes, mujeres maltratadas, prostitutas o sin medios económicos para salir del agujero. Paco Oliva como presidente, cuenta los problemas a los que se tienen que enfrentar cuando los chicos manifiestan comportamientos extraños; no sabe qué hacer, qué les pasa. Poco a poco son los propios niños los que cuentan su pasado. Los relatos son tan duros que los adultos no dan crédito. La naturalidad con la que los pequeños cuentan cómo su madre, traficante, se escondía la droga "ahí" o cómo su papá pegaba a mamá o cómo lo mandaban a robar apabulla, desconcierta.

    La familia emplea entonces todas las armas a su alcance, paciencia, amor y compresión hasta hacerle ver al pequeño que para ellos el pasado no cuenta y que, ocurra lo que ocurra, estarán a su lado. Cuando dejen la casa, también. Siempre.

    Qué suerte han tenido esas criaturas.

     

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