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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 04
    Diciembre
    2015

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    Sociedad Las Palmas

    Historias de maltrato: “Tu marido te quiere pegar fuego"

    “María, escóndete. Tu marido te quiere pegar fuego”, le avisaron.

    “Con la cuchara que coges, con esa comes”, le respondió su familia cuando pidió cobijo.

    Caridad tuvo más suerte. A ella la acogió la familia y desde allí combatió judicialmente a su maltratador, padre de sus hijos. Lo denunció hace 30 años.

    Se llaman Caridad y Mari Medina. Tienen 65 y 42 años respectivamente. Las dos viven en Las Palmas de Gran Canaria; las dos tienen hijos y ambas han vivido duros procesos de maltrato, de violencia de género. Curiosamente la diferencia de edad tiene importancia en esta información. Personalmente quería escuchar a dos mujeres que habiendo dado los mismos pasos, denunciar a sus agresores, padres de sus hijos, pero en distintas épocas y distintas edades nos relataran sus pasos y decepciones.

    Caridad lo hizo hace 30. Les recuerdo que en esa época eran escasas las mujeres que acudían a un juzgado a denunciar al macho de la casa pero ella sabía que un día después de los 4 años de aislamiento al que le sometió su marido, más algún golpe que se escapaba, lo que le esperaba a su lado era el infierno. Su marido, boxeador, elevó un día el listón de la agresión y los insultos y ella huyó. Caridad lo cuenta un poco emocionada. “Mira, desde que nos casamos comenzó a imponer el terror en la casa, el ordeno y mando, aquello de “es lo que yo digo y ya está”. De tal manera que me fue alejando de mi familia, de amigas, de todo. Yo vivía aislada en casa mientras el entraba y salía con quien le parecía”.

    Historias de maltrato: “Tu marido te quiere pegar fuego

    Los cuatro hijos de Caridad no eran ajenos al maltrato que sufría mamá y hoy dos de ellos, que entonces eran unos niños, lo recuerdan con miedo: Un día, dice, “mi marido, que siempre buscaba la forma de discutir, de pelear, etc., se molestó por algo que yo le reproché, seguramente relacionado con su vida de bares y mujeres y lo que hasta el momento había sido un bofetada se convirtió en una paliza…mírame aquí…”. Caridad muestra una foto de aquella agresión y su cara está ensangrentada y sus ojos desfigurados. En anteriores agresiones físicas ella decidió quedarse en casa hasta que las huellas de los golpes desaparecieran.

    Prisionera en casa

     “No quería que me viera nadie y menos que nadie mi familia, mi madre, mis hermanos o mis vecinos”. Sin embargo, el día que sufrió esa paliza Caridad se armó de valor y huyó de la casa. Bajó las escaleras a zancadas, tocó en la puerta de una vecina le pidió dinero para el taxi y se refugió en la casa de una hermana. Desde allí, con la ayuda de todos, principalmente de su madre, Isabelita, una mujer luchadora que militaba en el Partido Comunista presentó una denuncia contra su todavía marido. “Mi madre conocía al abogado Fernando Sagaseta que lo primero que me dijo fue que me hiciera la foto que acabas de ver; hazte una foto porque cuando lo llamen a declarar ya no tendrás huellas de los golpes y no te creerán” Y me la hice, claro”.

    Cuando llamaron al agresor para prestar declaración y le preguntaron si había golpeado a su mujer naturalmente, lo negó. El abogado le mostró entonces la foto y fue condenado a una multa de 30.000 pesetas y arresto domiciliario. Ella perdió su casa. Él se quedó con los hijos y Caridad abandonó la vivienda, especialmente por miedo a que la golpeara de nuevo. “No quería vivir allí”. Desde ese momento el objetivo de Caridad fue recuperar a sus hijos que se habían quedado a merced del padre. Con el tiempo los tuvo a su lado y pudo vivir en paz, lejos de su ya ex marido. “Durante los meses que los niños vivieron con él los amenazó y me los echó encima diciendo lo último de mí. Lo peor. Pero el tiempo puso las cosas en su sitio y finalmente sus niños volvieron con ella, que la adoran. A la entrevista una de sus hijas la acompaña, la cuida y la admira…

    Continúa leyendo en www.marisolayala.com

     

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