Blog 
Blog de Marisol Ayala
RSS - Blog de Marisol Ayala

El autor

Blog Blog de Marisol Ayala - Marisol Ayala

Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas m√°s reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace m√°s 30 a√Īos, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro a√Īos se baj√≥ de la vor√°gine de la prensa diaria y dej√≥ el peri√≥dico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


Archivo

  • 07
    Junio
    2016

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Sociedad Las Palmas

    Juan Socas, el chico que amarraba barcos

    Con 13 años ya era amarrador en el muelle. Lo llevó su abuelo. Es decano del Puerto, 60 años en activo. Tres bodas, tres hijos, seis nietos, una empresa boyante y un grupo musical “Los Que No Escarmientan”.

    La historia de Juan Socas Betancor es la historia de un chiquillo de la Isleta que heredó de su abuelo, el primer amarrador del Puerto de la Luz, Juan Socas Villalba, “el arte de amarrar”, es decir, el arte de anudar el barco al muelle. Hoy es un empresario de éxito, tiene tres hijos, seis nietos se ha casado tres veces y se quita a los amigos a gorrazos. Por tener tiene hasta un grupo de música “Los Que No Escarmientan” cuyo nombre no es casual. Ese grupo le ha permitido poner en marcha las Noches de Boleros, acontecimiento musical que por San Juan y desde hace 10 años sube al escenario por su cuenta y riesgo a cantantes y amigos que desgranan boleros como el propio Juan que presume de hacer una segunda voz “afinadita”. Vamos a ordenar la historia para que se entienda la vida y milagros de uno de las personas más populares del Puerto de la Luz, Decano del Puerto, el que más años lleva en activo, 60, y que conoce los vericuetos como la palma de su mano.

    Juan Socas, el chico que amarraba barcos

    Socas era un chiquillo de 13 años cuando sus padres fueron conscientes de que la despensa no daba para alimentar diez bocas de manera que aligeraron la carga y a Juan como hermano mayor lo separaron de sus hermanos y lo enviaron a vivir con su abuelo que lo puso a trabajar en lo que él conocía, el muelle. Ahí nace la historia de quien comenzó a ser conocido en el muelle como “Juanillo el amarrador” un hombrecito que echaba de menos a sus hermanos “pero el hambre apretaba y mi madre cortó por lo sano. No le quedó más remedio pero, claro, con 13 años aquello lo recuerdo con tristeza porque se acabaron las risas y los juegos y de alguna manera esa decisión nos separó para siempre”. Ya sabemos que Juan Socas comenzó como amarrador ganando un dinero que “se lo daba a mi abuelo, no creas”. Apenas fue al colegio a pesar de que se lo pedía insistentemente al abuelo pero eran otros tiempos y la economía daba para comer y poco más; pero desde que se lo pudo permitir se apuntó en una academia por la Iglesia de la Luz donde estudió lo que pudo. Se buscó la vida descargando maletas y sacos que llegaban a puerto, además de amarrar barcos. Con unos 20 años y una mejoría económica producto de trabajar sin tregua buscó hueco para ir más a la academia y de paso pagar los estudios de sus hermanos. Pero Juan no se ha quitado de encima una sensación de desamparo por parte de sus padres, tanto, que hoy con 73 años, tres hijos, seis nietos, tres bodas y una empresa familiar solvente, Sepcan que constituyó en 1998 y que gestionan sus dos hijos, Sergio y José Juan en la que también trabajan hijos de sus amigos, “tengo una cosita aquí, ya sabes”, dice tocándose el pecho. Juan Socas ha sido Presidente de la Coordinadora de Amarres y Desamarres del Puerto de la Luz un cargo que le venía como anillo al dedo teniendo en cuenta sus orígenes. Respecto a su empresa Juan no tiene dudas: “Mis hijos han sido los que le han puesto gasolina a Sepcan. Sin ellos no hubiéramos llegado ni a la esquina. Yo soy un hombre con formación callejera y ellos los profesionales, los que saben de esas cosas”.

    Juan es transparente. “Mi vida no ha sido fácil, qué va. Me casé tres veces, la primera vez tenía 27 años pero ella enfermó de algo que hoy tiene cura y antes no y me quedé viudo con mis dos hijos muy pequeños. Quiero nombrar a su madre “Teresa Álamo fue una mujer buena”, recuerda.  “¿Qué hice entonces? pues con la ayuda de mi suegra y estas manos los saqué adelante. Yo les hacía la comida, iba a los colegios, médicos, en fin, un padre y una madre, eso fui para mis niños. Y trabajando”. Siendo como era un hombre joven ya con sus hijos crecidos comenzó a vivir la vida que le atraía; la vivió intensamente incluso hizo realidad un sueño que creía imposible. Tener una guitarra. Un día se encontró en la calle un cartera con lo que hoy serían 1.200 euros “¿y qué hice?, pues me compré una guitarra. Estaba loco por aprender a tocar, loco por la música, porque la vida ya me había castigado bastante. Me iba a los locales donde había músicos y con ellos aprendí muchas cosas”.  Entonces conoció a una mujer con la que se casó pero “hoy creo que yo más que una esposa lo que buscaba era una madre para mis hijos. No funcionó. Cuando nos separamos la hija que nació de ese matrimonio, Carla, quiso quedarse conmigo y así fue”. Juan ha sido un hombre hábil para disfrutar de amigos, de la música y del trabajo. Ha sabido ser padre, empresario y amigo de sus amigos. Los ha tenido muy buenos, por ejemplo uno de ellos fue la primera persona que “creyó en mí”. La empresa que luego compré y monté tenía varios novios pero el dueño me dijo que solo me la vendería a mi ¿de qué la iba a comprar si no tengo un duro?, le dije. Ese amigo me avaló para que me hiciera con ella. Yo le decía, ¿tú estás loco?, y no. Sabía lo que hacía y yo cumplí”

    Pero la vida le tenía reservado un fin de fiesta. Con 50 años Socas conoció a Jean Santana la mujer que mejor lo ha entendido y con quien se casó en 2005 no sin antes encargarle al compositor Sindo Saavedra un bolero “Amar después de los 50” que grabó el propio Juan y le ha cantado mil veces. Jean aportó dos hijas a la familia, Dara y Trice, a las que Juan adora.  

    “Pues Juan, la vida pese a todo te ha tratado bien”, le digo; “No, no, no, he sido muy feliz. Siempre he tenido cerca a los mejores; aprendí de ellos lo bueno y lo malo. Y el Puerto, hazme caso, es un mundo muy complicado, duro, que me forjó”.

    www.marisolayala.com

     

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook