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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas m√°s reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace m√°s 30 a√Īos, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro a√Īos se baj√≥ de la vor√°gine de la prensa diaria y dej√≥ el peri√≥dico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 27
    Noviembre
    2016

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    Sociedad
    Las Palmas

    La decencia adolescente

    Había llegado a la isla de forma irregular. Desde que pisó la ciudad cayó en manos de una adinerada desaprensiva que le pagaba una limosna por su trabajo. Había que comer y el adolescente estaba en un callejón sin salida, sin nada ni nadie. Alguien le dio alojamiento en una casa de Vegueta. Allí dormía hasta que la indecente le llamaba para pagarle 3 euros por una hora de trabajo. La loca vio en el joven sudamericano un chollo; era ilegal, luego no protestaría y se aprovechó de su situación. Lo tenía un par de horas, una por la mañana y otra al anochecer, pero el espacio que transcurría entre una y otra, cinco o seis horas, lo echaba a la calle. El chiquillo mataba el tiempo en un parque, adormilado, hasta que la bruja lo reclamaba. Su tarea consistía en acompañar al anciano marido que 30 años atrás abandonó a su ex mujer e hijos dejándoles en la miseria. El chiquillo acompañaba al hombre mientras ella dormía las borracheras o si salía a la calle y alguien la subía a casa en un estado lamentable. Pero él ni oía, ni veía. Callaba. No sabía ni quién era el hombre que cuidaba ni quiénes eran sus hijos porque nunca los vio. Vivían solos. Ella era la que pagaba, la que lo echaba a la calle hasta que caía la noche y había que bañar al viejito. Lo reclamaba gritos. Pero un día la vida dio un giro.

    Aprovechando que los hombres estaban solos el anciano le dio un papel al cuidador. "Avisa a mis hijos. Tengo salir de aquí; esa mujer me va a matar. Me pega. Ese son los teléfono". El muchacho ya había visto huellas de golpes en su cuerpo pero callaba sin embargo ese día decidió no localizar a sus hijos, no, se presentó en la policía y contó el maltrato que sufría el anciano. Un riesgo teniendo en cuenta su situación irregular pero no le importó. La policía localizó a la familia y ellos decidieron dar cobijo al maltratado y denunciar el caso. Sorprendidos por el gesto del muchacho legalizaron su situación "no tengas miedo. Lo que has hecho no lo hace nadie", le dijeron.

    La historia ocurrió hace nada. La policía está investigando el maltrato y viejas fracturas detectadas. El chiquillo ha estrenado familia como premio a su gesto, a su valentía. Se jugó ser devuelto a su país pero su decencia pudo más.

    Un buen chico.

    marisol@_Ayala

     

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