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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 12
    Marzo
    2014

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    La primera traumatóloga de España empezó en el Insular

    Esther García Marcos trabajó 38 años en el Hospital Insular y durante años fue la única mujer médico del centro.

    La que debe figurar en el Ministerio de Sanidad cómo la primera mujer que en España se especializó en traumatología, la doctora Esther García Marcos, ha colgado la bata en Canarias. Ahora ejerce en la privada. Después de 38 años de actividad profesional en el Hospital Universitario Insular de Las Palmas de Gran Canaria como traumatóloga, llegó el momento de saldar una vieja deuda periodística. Hace varios años le solicité una entrevista para hablar de su brillante trayectoria médica pero no es mujer de prensa y aplazó la charla para “cuando me retire”, dijo. El día 21 de enero del año pasado compró tarta, refrescos y algún sándwich fue al hospital y se despidió de sus compañeros . Lo hizo con la emoción justa y lógica de quien ha pasado exactamente 38 años de su vida entre esas cuatro paredes pero tratando de que la emoción se le notara apenas nada.

    Pocos saben que Esther García Marcos es una de las primeras especialistas que en Canarias implantó prótesis de caderas, de rodilla, etc., y que llevó a cabo operaciones quirúrgicas complicadas y hasta entonces desconocidas por aquí pero esas intervenciones ya las hacía en Oviedo, donde Esther comenzó a ejercer su especialidad médica: “Verás; la “culpa” de que me haya inclinado por la traumatología la tuvo mi padre; yo estudiaba medicina en Salamanca y de vez en cuando papá me invitaba al quirófano y le ayudaba en las operaciones, poco cosa, claro. De esa forma me fui enamorando de la especialidad y a la hora de elegir opté por los huesos, vamos”. La primera mujer que obtuvo la especialidad de traumatóloga en Canarias, García Marcos, nació en Canarias aunque muchos crean lo contrario; su padre, traumatólogo fue destinado a Ejercito de Aviación en Las Palmas de Gran Canaria y se instaló aquí con su familia. El llegó en 1947 y cuando regresó a Salamanca, su tierra, Esther había nacido y tenía seis meses. Quién iba a decir que 23 años después la búsqueda de una plaza de traumatóloga en el país propiciaría que aquél bebé, ya una mujer, volveríaa Las Palmas a ejercer la medicina. Para rizar el rizo de las casualidades aquí conocería a quien es su marido, Jorge Wood Wood.
     

    Ocurrió que a Esther con su especialidad médica bajo el brazo un médico traumatólogo que había sido muy importante en su vida profesional, Francisco Navarrete, Jefe de Traumatología del Hospital Insular, la llamó a Salamanca y le dijo que tenía una plaza de especialista en traumatología en Las Palmas, que se viniera, vamos. Ella no lo dudó.

    “Recuerdo que llegué en enero de 1974 con 23 años en barco. Para mí era muy importante venir por dos razones; porque ejercería mi especialidad médica y porque trabajaría con Navarrete, una persona admirable que, desgraciadamente, falleció en un accidente de tráfico en plena madurez. Aquello fue terrible. Recuerdo que llegué de madrugada de la Noche de Reyes una fecha complicada para que te vaya a recoger alguien y menos aún si tienen niños, claro, pues bueno, así y todo en el muelle me esperaban Navarrete y Juan Antonio González Pío, sud-director del hospital Insular. Recuerdo la imagen perfectamente porque yo tenía apenas 23 años, no conocía a nadie, era de noche y estaba un poco desconcertada, claro. Pero entre los dos me habían preparado una habitación en la Escuela de Enfermería donde viví unos meses hasta que, poco a poco organicé mi vida en la isla. La verdad es que me pasaba los días metida en el hospital. Recuerdo que por entonces hasta las dos de la tarde había trabajadores por los pasillos e incluso algo de actividad pero a las dos de la tarde se iba todo el mundo y me quedaba sola. Se iban todos. Pero no creas que tuve sensación de soledad, no, porque los compañeros no me dejaron nunca sola”. Su vida está tan vinculada al Hospital Insular que entre esas cuatro paredes conoció a su marido a pesar de que él no tenía nada que ver con la medicina. Cosas del destino.

    “Lo voy a contar: al poco tiempo de incorporarme al hospital un día estaba de guardia y Rafael Inglot fue al aeropuerto a buscar a un amigo; de paso para Las Palmas paró en el hospital para enseñarle el centro y esas cosas. Estaban ambos tomando café en la cafetería del centro y me llamó Rafael para presentármelo…a los dos años nos casamos, ¡fíjate…!. Han sido muchas las casualidades vividas y, como comprobarás, todas agradables”. Cuando Esther García Marcos llegó al Insular aquello, toda la zona, era un desierto, desolador: “De entrada yo era la única médico mujer que trabajaba allí porque aunque había una anestesista era ya mayor y estaba a punto de marcharse, creo recordar”. A Esther sus compañeros le decían “la niña” porque si observan las fotos de su juventud no solo era joven sino que además tenía un aspecto dulce, de niñita.
     

    “Fueron años de mucho trabajo porque en ésa época en la sanidad canaria no se hablaba del área norte y el área sur, qué va; todo era todo. Hacíamos decenas y decenas de fracturas; era un no parar y un no librar, pero no había más remedio porque los enfermos eran lo primero”. Quienes han conocido a Esther García Marcos en plena actividad médico-quirúrgica saben de su exigencia, de su fuerte carácter pero de su trato exquisito con los enfermos. “Bueno…he trabajado mucho pero no me quejo porque tuve unos buenos compañeros aunque también, como ocurre en todos los colectivos, habían algunos menos trabajadores que otros. Mira, lo que yo llevo muy mal es la falta de compromiso, la gente vaga, esos a los que les da lo mismo una cosa que otra pero también he decir que de esos han habido pocos”. A Esther García Marcos le ofrecieron jefaturas y otros cargos de responsabilidad que ella con mucha sensatez rechazó. “Entre otras la jefatura del Área Quirúrgica”, recuerda, 'pero no acepté porque tengo mucho carácter y no soportaría ciertas cosas, de manera que lo mejor es saber que una sirve para unas cosas y para otras, no

    “En los 70 la medicina del Insular no era mala; se hacían buenas cosas”

    Cuando la traumatóloga Esther García Marcos llegó a las Palmas la sanidad en canaria era de una precariedad constante, sin embargo no tiene esa impresión: “Yo no creo que en los años 70 la sanidad en el Insular fuera tan mala, no, no…incluso diría que se practicaba una buena medicina gracias al gran esfuerzo de muchos profesionales, claro. Es verdad que se hacían guardias cada tres días, una barbaridad, pero es que atendíamos a toda la isla, a todos los enfermos; lo que sí es cierto es que con el paso del tiempo, a principio de los ochenta, los problemas económicos nos agobió mucho al tiempo que el Hospital Nuestra Señora del Pino recibía más ayudas. Luego, cuando pasamos al Insalud la gestión cambió para mejor pero se pasaron años muy malos. Es que hasta entonces el Insular dependía del Cabildo Insular de Gran Canaria que carecía de dinero para reflotarnos pero poco comenzamos a subir el nivel de la asistencia, con medios técnicos y humanos, y el Pino se fue quedando atrás”.
    Una de las cosas que Esther echa de menos de aquella época es el trato humano, “la cercanía con enfermos y personal; ese trato humano se ha ido perdiendo con el tiempo, consecuencia de un hospital más grande, masificado así que el ambiente familiar que teníamos y que ayudaba tanto poco a poco se esfumó”

    ADIÓS EMOCIONADO

    Esther es una mujer que cree controlar las emociones, sin embargo, el día que recogió su taquilla, le dijo adiós a sus compañeros y bajó desde el ascensor hasta el garaje para dejar el hospital el corazón le dio un pellizco: “Fue exactamente cuando me subí al coche y ya conduciendo rumbo a Las Palmas, giré la cabeza y vi el hospital. ¡uf…!, en ese instante me emocioné mucho. De pronto pasó por mi mente, como una película, un tramo enorme de mi vida. Nada menos que cerca de 40 años yendo y viniendo diariamente a esa casa …”

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