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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 21
    Febrero
    2017

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    Sociedad Las Palmas

    La quisquillosa

    Es muy quisquillosa. De casi todo protesta, de los ruidos, de sus vecinos, de su familia, de los hijos, de la música y de ella mismo. De su gripe, de su vida de los que piden y de los que gastan. Para ser tan joven es protestona pero todavía no he podido saber si es una pose o no, sí en realidad está enfadada con todo. Lo sabré. Tiene cosas buenas, es verdad, y es que pese a lo que podría parecer es una gran tipa. Es de esas personas a las que si le dicen que la gripe te ha tocado se presenta en casa con el mejor caldo del mundo, un flan, unas galletas y una amenaza “¡cómetelo todo!”. Me hace gracia porque por edad podría ser podría ser mi hija y las dos sabemos que la he adoptado sin papeles. La quisquillosa

    Con ella me sorprendo ejerciendo de madre, es decir, aconsejándole que se arregle ese pelo, que se haga unas mechas y que corrija ese gesto malhumorado y cansino que a veces tiene. Pero la quiero así; hasta con esas guerras que compartimos, sus angustias, incluso hasta su ongs con patas. Por ejemplo, le comentas que con el mal tiempo me produce lástima ver a esas mujeres que se pasan las horas en las ventana o en la acera captando clientes, y brinca como un salta-perico “¿Qué dices?, a ti darán pena pero a mí, nada. Ellas pueden hacer la calle y la carretera si quieren pero esas locas no respetan nada. No me vengas con rollos, unas caraduras. Saben utilizar a la gente, te lo digo yo que las observo cada día”. Siempre que llegamos a este punto acabamos igual: “¡Exagerada! ¿Entonces las matamos?, ¿tiramos de la cadena?”. Si tuviera la certeza de que estas línea no las iba leer ella escribiría lo que de verdad pienso, pero no quiero que se pone boba y va a creer que la quiero mucho, que me instinto protector estará de guarda para esa chiquilla. Se cuida poco. Nada. La veo y le comento que ladea al caminar y me dice “nada, que estoy hecha un carrancio, es eso”. No parece estar acostumbrada a que la mimen, la cuiden y la tengan en cuenta. Acostumbrada a cuidar de hermanos, sobrinos, madre, tías o perro cualquier muestra de cariño la considera casi un signo de debilidad. Es graciosilla, cocina como los ángeles y es una hippie trasnochada. Parece vivir en una época que no es la suya.

    marisol_@Ayala

     

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