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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 02
    Junio
    2014

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    La ruindad

    La primera vez que la vi su madre arrastraba un cochito y ella, un bebé, jugueteaba con chupetes y sonajeros. El encuentro se produjo en los juzgados y a mi lado tenía a un pediatra amigo. Ambos habíamos hablado de un caso, el del bebé de la silla, a quien su madre despechada con el padre de la criatura trasladó el daño que hubiera querido hacerle al hombre, pero no pudo. Éste la había dejado y ella decidió preparar un biberón con agua fuerte para la pequeña. El pediatra denunció el caso desde que la niñita ingresó gravísima en el Materno. El asunto acabó en los tribunales de ahí mi conocimiento del suceso. Seguí el proceso y conocí la miseria y la maldad de alguien que pierde de cabeza y luego la libertad dado que acabó en la cárcel por atentar contra la vida de la pequeña. A esa niña la vi aquel día y semanas más tarde cuando mami tuvo le desfachatez de presentarse en el periódico exigiendo que desmintiera lo publicado y amenazándome con mil cosas. Para que el lector se haga una idea del daño irreparable que le causó al bebé la ingesta del biberón envenenado sepan que le destrozó la tráquea y que jamás pudo comer sólido y lo líquido le suponía un sacrificio. La justicia la apartó de la hija y le dio la custodia a la abuela al alcanzar un acuerdo con el padre que siempre estuvo pendiente del bebé según supe años después. Pensé que ahí acabaría mi relación con el caso. Pero no.

    Un día llamó alguien. Era la abuela de la criatura. Había encontrado prensa de la época y quería verme y nos vimos. Cuando la conversación terminaba llegó una jovencita, alta, guapa, de ojos claros y con un pañuelo anudado al cuello. Era la niña del cochito. El pañuelo ocultaba la traqueotomía con la que vive desde pequeña. Sabe poco de su madre y la figura más importante de su vida es su abuela. No imagino nada tan ruin como volcar la frustración, la crueldad, en un ser indefenso. Creo que alguien que se encamina amorosa a preparar un biberón que tiene como objetivo dañar la existencia de su hija no está en su sano juicio. Estos días he recordado la historia porque he visto reportajes de hijos cuyas madres no han jugado otro papel en sus vidas que parirlos. Y nada más.

     

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