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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 04
    Diciembre
    2014

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    La sangre de aquella mujer

    (En recuerdo de las mujeres que han perdido la vida a manos de sus amantes asesinos)

    Hace días que quería, lo había prometido, escribir sobre uno de los casos de violencia de género más brutal que he conocido y vivido de cerca de manera que ahora que tengo la cabeza lo suficientemente tranquila como para meterme en su relato, cumpliré lo prometido. Advierto que deseo escribir de ese caso porque todo lo que se difunda sobre tamañas atrocidades será poco y porque llevo años tratando de localizar a los protagonistas, víctimas, es decir, hijos y tal vez nietos, de semejante atrocidad.

    1994 o 1995.  Una mujer madre de 5 hijos –no recuerdo con exactitud- fue asesinada por su marido en la alcoba de matrimonio de un bloque de Jinámar con los niños en casa. Pero ellos dormían. ¿O no? Me tocó cubrir el suceso y allí nos fuimos el fotógrafo y yo. Los datos de que dispongo bailan en mi cabeza y me confunden pero el eje central del caso lo tengo claro. La atrocidades no se olvidan y algunas desgraciadamente he conocido. A pesar de los años transcurridos he sido incapaz de localizar incluso la vivienda en la que sucedieron los hechos y créanme que en más de una ocasión he dado una vuelta por Jinámar para tratar de refrescar la memoria y nada. Lo curioso es que parece como si esa tragedia sólo viviera en mi cabeza. Nadie recuerda nada y eso que en su día estuve en el escenario del crimen, la vivienda, hablé con los vecinos, con la familia y escribí la historia para La Provincia pero lo cierto es que sin un nombre, un teléfono, una pista que me lleve hasta ellos, es complicado. Tal vez en aquellos años las estadísticas sobre mujeres asesinadas no se llevaran con rigor y por tanto la posibilidad de recurrir a los registros es un esfuerzo vano.

    Una cosa deben tener claro; todo lo que aquí cuento lo viví intensamente y lo guardo en mi memoria profesional con dolor. Hace poco hablé con una de las vecinas de Jinámar que en esa época era una destacada líder vecinal. Recuerda todos los detalles del caso pero desconoce dónde localizar a la familia de la víctima que al parecer abandonó el barrio.  Tal vez con esa muerte me ocurra que al vivirlo desde el corazón de la vivienda en la que sucedieron los hechos guardé para mí lo que vi, lo que escuché y lo que silencié, de ahí que solo yo lo recuerde.

    “Cuidado, no pise la sangre…”

    En ocasiones una se pregunta qué ocurre con determinadas historias que se nos graban a sangre y fuego. En este caso lo entenderán mejor desde que vaya desmenuzando la atrocidad. Cuando aquella mañana acudí al bloque de Jinámar en la que había ocurrido el brutal asesinato los vecinos me alertaron en la puerta con un “cuidado, no pise ahí, que hay sangre…”. La primera en la frente. Miré hacia arriba y los mismos vecinos me aclararon que la sangre de la acera era de la fallecida que vivía en el cuarto o quinto piso. El marido la mató en la alcoba y después limpió con esmero la habitación con una tranquilidad escalofriante; luego se asomó por la ventana y desde allí lanzó a la calle los restos de la limpieza, agua y sangre. Esa operación la realizó un par de veces hasta que consideró que la escena del crimen estaba limpia.

    Era todo tan horrible que me envalentoné y decidí colarme y acceder a la vivienda en la que estaban retirando el cadáver de una mujer menuda, vestida de negro, pelo negro y piel blanca. Vi sus manos. Tremenda imagen. El asesino, delgado, estatura media, pelo negro abundante y una camiseta ensangrentada estaba sentado en el pasillo esposado y custodiado. Unos adolescentes, dos o tres, no lo recuerdo bien, subían y bajaban la escalera entre sollozos pero no recuerdo la escenificación de un dolor acorde a lo sucedido. Más: un chico, desconozco si hijo del asesino, le encendió un cigarro al asesino y se lo colocó entre los labios. Estaba nervioso....

    Continúa leyendo en el blog www.marisolayala.com

     

     

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