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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas m√°s reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace m√°s 30 a√Īos, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro a√Īos se baj√≥ de la vor√°gine de la prensa diaria y dej√≥ el peri√≥dico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 14
    Mayo
    2015

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    Sociedad Las Palmas

    La sindicalista derrotada

    Ella y tres más bastaban para poner un hospital patas arriba. Fue una activa sindicalista empeñada en universalizar la sanidad. Nada se le ponía delante para defender a “sus” enfermos y compañeros. Una mujer luchadora, capaz de comerse el mundo en un cuarto de hora. Una de las primeras huelgas sanitarias de Canarias la tuvo como cabecilla. Ahí estaba, joven y guapa, atrincherada junto a compañeros en la Iglesia de Santo Domingo reivindicando mejoras laborales. Desde los bancos de la iglesia hablaba a los compañeros de la importancia de resistir. Se enfadada cuando el compromiso de los que más se beneficiarían no era de la misma intensidad. Presumía y presume de los logros alcanzados y sus comentarios los remataba siempre con un “yo sí me dejé los huesos por una sanidad digna”. Trabajó mucho, crió a sus dos hijos, hoy uno es médico y otro periodista. Simultaneó guardias extras para pagar estudios. Más canaria que nadie le indignaba el traslado de enfermos isleños a la Península así como la pasividad de los usuarios que tenían a los médicos en un altar. No le tosían pero ella les animaba a bajarlos a la tierra, no permitía un solo atropello. Era lo que se conoce por una sindicalista incómoda, por eso la Administración le ofreció desempeñar a un cargo cómodo, con mejoras económicas, fuera del hospitales, es decir, alguna campaña de vacunación o ayuda a domiciliación, el caso era alejarla del polvorín de los hospitales. No aceptó. Vio la jugada.

    Hace doce años ella decidió que sus huesos le estaban pasando fractura y buscó acomodo en un Centro de Salud donde ahora desempeña una jefatura. Poco a poco se alejó de los hospitales. Apenas iba. En enero tuvo que llevar a su madre, 82 años, a urgencias del Insular. Tuvo suerte; el médico la observó y a las dos horas estaban en casa. Vio cosas feas pero no dijo nada. Dos semanas más tarde llegó la más que prevista nueva visita de la señora a Urgencias. Cuatro horas sin aparecer un médico y luego, tres noches en una camilla. Entonces se percató del indigno trato que Canarias dispensa a esos enfermos. Se lo habían contado pero esa vez lo vivió. Limpieza íntima en la camilla, sin un mísero biombo protector, voces y nulo respeto. Indignada redactó una denuncia que presentó en Sanidad. Ni le han contestado.

    “¿Tantas batallas para esto?”, pregunta.

    Se siente derrotada.

     

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