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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 04
    Septiembre
    2014

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    La talla 12 (en recuerdo de Sandra)

    Artículo escrito en el mes de abril del 2011. Hace una semana supe que la persona de la que hablo ha fallecido. Una viva vivida en el abismo. Descanse en paz.

    “Sandra tiene 37 años y un cuerpo en el que no cabe un hueso más. Una talla 12 le basta. Cuando tenía catorce años se situó decidida en el abismo de la heroína y sin paso previo por otras sustancias entró en ella de cabeza. La heroína está descrita como la droga con mayor capacidad de enganche, con lo cual Sandra vive desde los catorce años en su particular infierno. Tiene varios hermanos, ocho, creo, pero hace tiempo que se cansaron de sus mentiras, sus noches de carreras y su vida al borde del precipicio. Fue una niña mimada porque era la pequeña de la casa; todo se le consintió y todo se le tapó. No fue lo mismo con sus hermanos. De ninguna manera. Un día Sandra tuvo un bebé del que se hizo cargo una hermana y que hoy debe tener 12 añitos; aunque Sandra dice saber quién es el padre reconoce que nunca fue una compañía recomendable. La conocí cuando ella ya malvivía en una chabola. Cada poco llamaba para pedir ayuda y quejarse de su vida pero tensó tanto la cuerda de la droga que la heroína la ha llevado varias veces a prisión. No sabía de ella hasta hace unas semanas. Ya nada queda de aquella la chica vivaz que conocí a la que la droga hacía brincar como quien tiene un resorte que activa su cuerpo. Por entonces me contó los vericuetos del trapicheo en el que estaba inmersa. Era un “correo”, traía y llevaba. Diez años en la calle es demasiado tiempo para sobrevivir y aunque su cuerpo respondió en una etapa de su destartalada vida los años pasan y la factura que hoy paga es elevada. Tiene una salud delicada y por eso tocó otra vez en ésta puerta; le han fallado todos los apoyos porque sus “negras” han sido sonoras y sus “colegas” son tan ruinas físicas como ella. Vino a buscar por este orden, dinero, dinero y dinero”.

    Cuando por enésima vez le aconsejas un centro donde recuperar parte de su vida se enfada. Siempre es lo mismo. La heroína ha destrozado de tal manera su cuerpo que teniendo como tiene 37 años parece acumular veinte más. Sandra es la imagen destructiva de la droga, de una vida vivida al límite y en la que ella misma ha dejado tantos cadáveres en el camino que conviene no implicarse demasiado. Lo justo. No respeta nada. Me contó que en uno de sus múltiples altercados callejeros salió perdiendo y recibió un golpe en la cara que tiene mal aspecto. “Debes ir al hospital, que te puedes morir Sandra…”, le digo para asustarla. “¿Y si me muero, qué…?”, contesta retadora. No lo sé pero vivir es otra cosa y me temo que ella no lo sabe.

    Cuando estos días la busco la encuentro en bancos callejeros, adormilada y la sermoneo. “No vengas con tus rollos de siempre, tía…”. Genio y figura. La semana pasada enfermó y dejó un recado en un “bareto” amigo. Necesita un jarabe y cigarros. En ese bar Sandra tiene pagado un menú diario que come en la esquina. Se lo lleva. Tres personas la tienen bajo su manto pero ella no valora el gesto. La heroína se la ha llevado por delante y su mente está en otra cosa. “¿Oye, te he dicho que mi niña hace la Primera Comunión en mayo…?”.

    ¡Ay, Sandra!.

     

     

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