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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 14
    Noviembre
    2014

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    La vida de mis amigos

    La amistad hay que alimentarla, dedicarle tiempo aunque hoy eso sea un bien escaso viviendo como vivimos a un ritmo vertiginoso, peleando la vida. Hay quienes piensan que la amistad equivale a un acoso, a manejar una agenda que controla las citas y que esas son inamovibles. Un contrato. Una amistad así no la quiero. En la amistad nada debe estar cerrado.

    Tengo amigos a los que hay que cazarlos con un lazo. Viven en un lío permanente lo sé y lo respeto. Anulan citas y no pasa nada. Cada poco, dos o tres meses, quedo con los que he vivido una parte importante de mi vida. De trabajo o no. Algunos viven  como digo en una actividad frenética y aun reconociendo que hacer un hueco es complicado insisto tanto semana a semana para finalmente recibir un escueto “wasá” “mañana comemos”; es mi premio. Cita cerrada. Nos queremos y buenas muestras nos hemos dado por eso siempre me interesa saber de sus cosas, de sus preocupaciones, de sus proyectos, de sus miedos, de su vida. La vida de mis amigos.  Es verdad que hay muchas clases de amistades, las de toda la vida, las de estudios, las de trabajo, las de juergas, las que son fugaces y las nuevas que han llegado para quedarse. En cualquier caso hace tiempo que decidí no perder ni una de ellas. Ni una. A cada amistad a cada amigo hay que darle su lugar y es verdad que no todas pueden jugar el mismo papel. No. Las hay, yo las tengo, cuya discreción es tal que sabes que una confidencia jamás será desvelada. Las hay también que son buenas, leales, generosas, pero a su vez incapaces de guardar un secreto de manera que mejor no jugar con fuego.

    Sea como sea me siento afortunada y supongo que algo habrá tenido que ver en la siembra personal mi manera de entender a los amigos. Los tengo de mi quinta y los tengo muchos más jóvenes a los que vi llegar a la vida profesional con ganas de comerse el mundo y casi todos se lo han comido. Los mejores en su profesión y los mejores en su calidad humana. Dispongo de un buen listado. Amigos que han vivido mi angustia en épocas complicados y me han tendido la mano cuando ha sido necesario. Ellos y yo sabemos no solo de qué hablamos. Y desde luego que nadie dude de que en la amistad también hay decepciones aunque escasas y recuperables. Estos meses he recuperado a un gran compañero, el periodista Adolfo Santana, con quien trabajé varios años en Diario de Las Palmas hasta que elegimos rumbos profesionales diferentes. En Adolfo valoré siempre lo que más que un síntoma es marca de su casa: siempre ha tenido un leal y numeroso club de fans en la profesión y fuera. Ahora que anda pachucho todos están pendientes de su salud. ¿Qué más se puede pedir? Hace tiempos que concluí que no estoy por perder una sola amistad, al menos no perderla sin intentarlo por última vez. Un ejemplo. Hace apenas nada, dos o tres meses, quedé con Elisa, una amiga cariñosa, escritora, con quien he tenido épocas de mucha cercanía pero los corre corre de cada cual, ella con su novelas, yo con mis compromisos profesionales, nos ha ido distanciando. Hace poco decidimos coger el toro por los cuernos, aparcar el ordenador y sentarnos a contarnos nuestras cosas. Y fue como en las mil cenas  con ella que acabamos hurgando en cuestiones que solo las dos conocemos. Confidencias y risas. La cena se saldó con un “cada mes y poco nos vemos ¿vale?”, Y así será. Mi amiga es la persona menos rencorosa que conozco, nunca vuelve atrás, nunca pasa factura, nunca reprocha. Y como ella tengo muchas.

    Les cuento que últimamente he ido a parar al entorno de gente estupenda; sus empresas de comunicación me han pedido una colaboración puntual y he aceptado. Lo único que comenté es que a estas alturas de mi vida profesional antepongo a cualquier oferta por grande o pequeña que sea, la calidad humana de los que tendré cerca. Hace años que decidí evitar a los que la ambición y la maldad acabaron pasando factura. Fuera de mi vida. Por ejemplo mis cinco años de radio en la Autonómica con María Doménech me han permitido descubrir a un ser humano respetuoso y capaz con la que he alcanzado alta dosis de complicidad. Profesionalmente nos entendemos bien, olemos las noticias. Es lo mismo que me ocurre con mis nuevos compañeros de “Canarias Hoy” de la Tele Canaria, donde acudo un par de veces al mes. Confieso que cuando empecé con ellos lo hice más por curiosidad que por otra cosa sin embargo semana a semana, mes a mes, se han ido anudando unos lazos de cariño que es la mejor recompensa. Al menos la mía. Y en la Ser más de lo mismo. La primera vez que colaboro con Evaristo Quintana. Sabía de su bondad, de su generosidad y pueden creerme porque cada lunes lo experimento en su Drago.

    En fin que el corre corre de la profesión, de la vida, nos impide a veces ver el bosque. Ya era hora de buscar un rato, apartar los matojos, verbalizar los sentimientos y presumir de amigos, de buenos compañeros. Lo único que me importa.

    Un beso.
     

     

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