Blog 
Blog de Marisol Ayala
RSS - Blog de Marisol Ayala

El autor

Blog Blog de Marisol Ayala - Marisol Ayala

Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas m√°s reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace m√°s 30 a√Īos, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro a√Īos se baj√≥ de la vor√°gine de la prensa diaria y dej√≥ el peri√≥dico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


Archivo

  • 23
    Abril
    2017

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Sociedad Las Palmas

    Ladridos

    No tienen hijos. Su familia más cercana han sido dos perritos a los que los vecinos de su barrio y el mío conocimos porque los veíamos pasear a diario. La semana pasada lloraban al segundo, el primero murió hace un año y pico. Están disgustados y me acerqué a verles. Hace tiempo que les conozco. Sé del amor por sus “niños” a los que en días fríos les ponían un jersey y los animales correteaban en la plaza felices, juguetones. No conozco sus vidas pero sin haber intimidad los considero amigos y buenas personas.  Los perritos les han acompañado doce y trece años. Los que hemos tenido animales sabemos el cariño desinteresado que nos regalan esos seres y el vacío que dejan cuando se van.

    Ladridos

    Para la pareja los perros son, eso, perros a los que hay que atender sin obsesiones. Por ahí iba la conversación cuando recordaron cómo llegaron a sus vidas. Uno, el pequeño, fue regalo de un amigo y el otro, el que ha fallecido hace poco, fruto de una búsqueda tenaz. Ya se sabe que el ladrido nocturno de un perro desquicia a cualquiera y se sabe también que no todos los ladridos lanzan el mismo mensaje.

    De noche, cuando se escucharon con más nitidez, mis amigos comenzaron a sospechar que algo raro le ocurría a ese animal. Durante varias madrugadas trataron de localizar a los dueños del ladrador para saber si estaba enfermo, abandonado o siendo maltratado. Por el barrio hay muchas casas viejas de azoteas ocupadas, patios destartalos o habitaciones edificadas sin tino, un laberinto.  No era fácil pues saber de dónde salían los ladridos pero se empeñaron en saberlo; tocaron de puerta en puerta hasta que llegaron al dueño. Con mano izquierda le preguntaron por el animal que ladraba sin parar. “Es mío, lo tengo en el patio trasero”. En ese breve encuentro supieron que el perro vivía en una pocilga. El dueño, viudo, 83 años, le tiraba comida desde un ventanuco porque le tenía miedo. Cuando enviudó nadie se preocupó del animal y el hombre lo encerró en un diminuto patio donde esperaba la muerte.

    Cuando vieron el panorama tomaron una decisión. Lo sacarían de allí como fuera así que en posteriores visitas le pidieron que se lo dieran porque “con nosotros estará bien”. Dijo sí y le abrió la puerta. El animalito vivió ocho años con la pareja, los mejores de su vida. La vejez del dueño y la intención de salvarlo evitó una denuncia por maltrato animal.

    Esta entrada fue publicada en Volando bajito. Guarda el enlace permanente. Editar

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook