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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 18
    Mayo
    2016

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    Sociedad Las Palmas

    Las uñas de La Pantoja

    Las uñas de La Pantoja

    Miren lo que les voy a contar. Una ha dado más vueltas que un trompo y a veces recuerda esos episodios sin venir ni a cuento. Conste que soy la primera en reírme. Incluso de mí misma. Lean. La entrevisté a mitad de los noventa. Ya entonces Isabel Pantoja era una cantante que muchos adoraban aunque con el tiempo la cosa derivó en una reclusa que pagó cárcel. Era cuando los famosos se movían sin guarda espaldas; si acaso una amiga o una madre que eso es muy folclórico. Protección doméstica, vamos. Aquella entrevista disparatada no la he olvidado. Solo diré que la charla comenzó en unos sillones del Aeropuerto de Gran Canaria y acabó en la caseta del árbitro, en el campo de fútbol de El Barrial (Gáldar) donde ella tenía un concierto. Pero todo empezó mal. Ese día un compañero grafico se había levantado con el pie izquierdo y le dio por hacerle preguntas impertinentes que a ella la sacaron de quicio. Yo no sabía dónde meterme. La Pantoja se sentó con ganas de atendernos pero el colega malcriado se encargó de dinamitar la conversación. Ya saben que a las estrellas les gusta que les digan mentiras tales como eres más delgada y alta y guapa que en tv, una retahíla de piropos sin tino que siempre allanan el camino. La vanidad, ya se sabe. Cuando ya la teníamos en el bote para que nos hablara de su actualidad el simplón reparó en un detalle.
    Isabel Pantoja
    Isabel Pantoja

    La Pantoja calzaba zapatillas que dejaban al descubierto sus dedos. Maldición. Dos de esos deditos no tenían las uñas pintadas de forma que, o se le acabó el esmalte o se olvidó. No había terminado de observar dedos y zapatillas cuando escuché ”niña, tu hoy saliste a la carrera de casa! Te dejaste dos uñas sin pintar”. Tierra trágame. Mosqueo de la cantante que nos dejó plantados: ”Es usted un grosero”, contestó ella. Se metió en un coche y pusieron rumbo a Gáldar. Nos dejó colgados. Un amigo que trabajaba en el entorno de quienes la habían contratado me dijo “¡sube a mi coche! ¡La entrevistas en Gáldar, vamos!”. La esperé al lado de la caseta de árbitro, su improvisado vestuario y la entrevisté en el banquillo. Tal cual.
    Lo mejor no fue la entrevista. Lo mejor fue la foto que publicamos al día siguiente en La Provincia. Isabel Pantoja posando tan contenta ella con sus mejores galas folclóricas en la puerta del vestuario y arriba, a brocha, una leyenda que decía “Caseta del árbitro”. Eso dio más que hablar que sus declaraciones.
    Lo que yo daría por recuperar esa imagen de un día disparatado.
    (Últimamente estamos tan cansaditos de informaciones densas y vergonzante que si leyendo el texto han sonreído, misión cumplida)

     

     

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