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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 10
    Agosto
    2016

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    Sociedad Las Palmas

    Miguel Montañez, amar la danza

    “Se sigue pensando que las niñas pueden hacer ballet pero los niños, judo”

    “Hijo” de una leyenda“, cuando Gelu Barbu lo vio le preguntó; “¿Quieres algo, niño?”, bailar” contestó. 40 años a su lado.

    Todo empezó cuando con 7 u 8 años fascinado por el sonido de la obertura del “Lago de los Cisne” el niño que entonces era Miguel Montañez siguió la ensoñación de la música para saber de dónde procedía aquella maravilla. Salía de un televisor “Telefunken” que presidía el salón de casa. Era magia. “Me impresionó. Con la curiosidad de mis pocos años me acerqué y comprobé que esa música daba pie a la actuación de un ballet cuyos componentes formaban con sus cuerpos el nombre del programa, “La Danza”. Es una de esas imágenes que he tenido grabada toda la vida”.

    Cómo sería la atracción que ese programa ejerció sobre Miguel que dejaba los juegos infantiles con los amigos y los veía todos. “Mi padre, que era un melómano se sentaba en el salón y cuando empezaba me avisaba”. Tuvieron que pasar otros 8 años hasta que Miguel se topara con quien haría realidad su sueño de danzar. Un hombre rumano, alto, guapo y fuerte le preguntó un día en un español champurrado: “¿Quieres algo, mi niño?”.  Lo había visto atraído por la danza, por el baile. Así conoció Miguel a Gelu Barbu. Con 16 años se inició entre ellos una relación artística de admiración y respeto que duró 40 años. Miguel hoy es Director de la Escuela del Ballet Las Palmas de Gran Canaria que Gelu puso en marcha, trabajo que desarrolla junto a su compañera y asimismo bailarina Wendy Artiles.

    Miguel Montañez, amar la danza

    Montañez tiene 59 años y dice que desde que era un chiquillo tuvo claro que su vida era la danza y más tarde que su familia extensible sería el mismo Gelu, y la mujer de su vida, Wendy. No deja de ser  curioso cómo un niño de 7 u 8 se siente atraído por la danza, por la música clásica, artes de los que no conocía nada. Sentido y sensibilidad. “No creas, para mí también es un misterio”.

    Miguel vivía por la Plaza de Feria y le hacia los mandados a su padre, es decir, prensa, tabaco, lo típico. “Yo compraba los periódicos y  camino de casa los ojeaba. Cuando veía noticias de ballet y fotos de Gelu me quedaba con la boca abierta. Yo ya quería pertenecer a ese mundo pero no sabía cómo entrar”. Pero el azar se pondría de su parte. Le paseó brevemente por una banda de música donde tocaba el tambor y la caja y aunque no se convirtió en el mejor percusionista del mundo eso le abrió una puerta vital: Una serie de mudanzas de la banda coincidió finalmente con una cercanía a la escuela de Gelu y es ahí cuando en un ensayo, “al que yo iba de novelero”, el maestro rumano se acerca y me hace le pregunta “¿Quieres algo, niño?, bailar”, fue su respuesta. Tenía 16 años”. Con poco menos de 20 Miguel años comenzó a ser dirigido por Gelu en su escuela de Danza. Entre ellos se gestó una complicidad y un cariño que duró hasta los últimos minutos de la vida del artista rumano. Para él ha sido un segundo padre y por tanto es “hijo” de una leyenda.

    Lo bueno que ha tenido Miguel es que su condición de “esponja” le ha servido para aprenderlo todo de un mundo complicado y de zancadillas. “Gelu me hizo amar la danza de tal manera que le he dedicado cerca 40 años de mi vida y encima a su lado, en la escuela, conocí a Wendy que estaba allí como yo, de alumna. La recuerdo rubita, de ojos grandes, con sus mayas enterizas, negras. Me enamoré, claro. Nosotros tres, Gelu, Wendy y yo éramos un trío inseparable en las buenas y en las malas. La vida me ha regalado estar al lado de una persona como Gelu, mi maestro, mi amigo y también mi padre; hablaba siete idiomas, tenía grandes conocimientos del arte y especialmente en la danza, amor al trabajo, paciencia y compromiso. Y un maravilloso sentido del humor. Como verás vienes para que hable de mí y acabo hablando de Gelu, pero me gusta. Su ausencia es ley de vida pero sigue doliendo”...

    Continúa leyendo en www.marisolayala.com

     

     

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