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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 18
    Mayo
    2014

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    Ocho años sin Sara

    Nieves Hernández, la madre de Sara Morales de cuya desaparición se cumplen 8 años el 30 de julio, ha ido perdiendo las ganas de hablar, se queja en silencio, llora cuando nadie la ve y se enfada con el mundo si alguien se atreve reprocharle un “…cada vez sales menos en la prensa y eso no es bueno…”. Qué sabe nadie… Poco a poco va entendiendo que si ella no habla de su hija, nadie lo hará.

    Por eso estos días ha tenido y tendrá más presencia en las televisiones nacionales a las que acude como un silencioso homenaje a Sara. Y porque Alba, su ya única hija, se lo pide. Ocho años hace ya que desapareció Sara. Ayer estuve con Nieves. Me apetecía verla en fecha tan señalada, tan dolorosa. La herida no cicatriza y el dolor es cada vez más intenso.

    “No hay nada nuevo. Nada. Estamos igual que hace ocho años. Ni una pista, ni una esperanza”. Ayer Nieves comentaba aquellos días de hace 8 años y es fácil no empatizar con quien ha vivido la mayor tragedia posible. Ambas llegamos al acuerdo de que sin nada nuevo que contar cuando se acerca el octavo aniversario de la desaparición, el mejor recuerdo a su niña sería publicar la entrevista y biografía que entre las dos escribimos hace dos años y eso haré. Aquí la tienen.

    En recuerdo a la querida Nieves Hernández, su marido Soto y Alba, la hermana de Sara, reproduzco la última charla que tuvimos hace un año:

    Sara Morales salió de casa en torno a las 16.15 del 30 de julio del 2006 porque había quedado con un amigo a quince minutos de casa, en el Centro Comercial La Ballena. Desde su vivienda en Escaleritas al punto de encuentro se la tragó la tierra. Ni Nieves, ni Soto, su padre, ni Alba, su hermana menor, ni sus tíos Lupe, Toña y José Ángel, ni la abuela Josefa se acostumbran a su ausencia: “¿Cómo lo hacemos…?… dime una sola persona en el mundo que se acostumbre a vivir con esta pena, con este dolor. No. Yo vivo desde hace siete años con un nudo en la garganta, no tengo ni lágrimas; vivo con un dolor que no lo alivia ni el mejor médico”. Nieves ha perdido la fe: “Es que estamos donde empezamos, en la nada”.

    La sociedad canaria sigue consternada por el caso de Sara y aunque cada vez su presencia en los medios es menor también es cierto que el tsunami de noticias oculta tragedias como la de Sara o como la de Yeremy. “Y yo lo entiendo…de todo se cansa uno”. Ésa es Nieves; la que habla bajito, como quien no quiere molestar pero que en el fondo está pidiendo que no la olviden, que no olviden a su niña. La relación de amistad con Nieves Hernández me permite hablar de situaciones vividas en la casa de Sara que tal vez expliquen el cansancio de esta madre: “Yo he pensado una cosa…”, reflexionaba hace dos años, “Sara ya cumplió los 21 años, es mayor de edad, ¿no?, pues bueno, hasta que fue menor yo, mi hermana, mi hermano, mi madre, ¡todos! hemos estado siempre en la prensa demandando su búsqueda y eso lo saben bien ustedes pero una vez que ya es mayor de edad creo que poco puedo hacer. Primero, que ni una sola pista nos ayuda y segundo que siendo la niña ya mayor, si está viva tiene derecho de hacer lo que quiera con su vida como joven que es, ¿no?”.

    Pero Nieves habla de dientes afuera porque conociéndola un poco lo que de verdad quiere decir es que ha perdido la esperanza de encontrarla con vida pero, a su vez, tiene la necesidad de creer en algo. En la libertad de Sara, esa chica a quienes algunos desalmados todavía sitúan en los lugares más recónditos y se atreven a comunicarlo a la familia. “Es que no hay descanso…la gente más variopinta, las que dicen tener poderes ocultos, también han jugado un papel importante en mi estado de ánimo. ¿Cómo puede ser que alguien toque en tu casa y te diga que Sara está en tal sitio y que yo, en lugar de echarlos a la calle, les atienda educadamente en un intento desesperado por buscar una aguja en un pajar? Pero nada. Nunca hay nada”.

    Continuar leyendo en el Blog www.marisolayala.com

     

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