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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 17
    Noviembre
    2014

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    Otras realidades de un suceso

    Hay noticias que se graban a fuego en la memoria colectiva. Estos días hemos vivido una de ellas. El mundo del suceso tiene sus escalones y desde luego hace tiempo que no vivíamos uno de tanta repercusión mediática como el que conocimos hace unos días donde un hombre de 27 años, padre de dos hijos, perdió la vida en un rocambolesco accidente de tráfico que acabó con su cuerpo malherido en un parterre. 14 horas después sería descubierto por sus hermanas en estado crítico entre unos arbustos, a escasos metros del siniestro.

    El siguiente episodio fue su muerte. Un traumatismo craneoencefálico se lo llevó por delante. Nunca sabremos si de haber sido atendido 14 horas antes hoy estaría con vida. Dicen que sí. Nadie lo vio, nadie alertó de su presencia en el vehículo siniestrado. Todo muy feo, principalmente su muerte que siempre se lamenta. No seré yo la que empañe la vida del fallecido que bastante debe tener ya su familia con la trágica pérdida. Ocurre que la repercusión del accidente ha sido tal que lo he vivido con curiosidad porque su impacto social tiene mucho que ver con las redes sociales donde ha convivido la curiosidad lógica del caso con la necesidad de conocer más y más. Y eso no es malo, no, lo que sí es malo es leer barbaridades sobre un muchacho cuya vida no era un ejemplo de virtudes pero eso, siendo verdad o mentira, no me ha parecido bien. Si su mundo era extraño, hubo tiempo de investigarlo mejor.

    Sorprende que todavía los usuarios del medio de comunicación más dinámico que existe, las redes, no sean conscientes de la repercusión de sus textos acusadores. Creen que todo termina y acaba en el teclado. Han sido tantas las especulaciones sobre la vida y milagros de la víctima que suscita curiosidad. Veo que tenía 27 años y un hijo de 12; calculen pues la edad con la que asumió la responsabilidad paterna. Hablando con educadores de San Cristóbal, donde vivía, nada les extraña. Conocen en el barrio a quienes ejercen más de hermanos de sus hijos que de padres. Me quedo con una de sus reflexiones. La ciudad esconde lo que no le gusta. Esconde que hay aulas en las que varios alumnos acuden juntos a prisión para ver a papá, como el hijo de la víctima. Luego relatan sus proezas delictivas con una naturalidad que espanta.

    En fin, una columna que pretendía hablar de una cosa y habla de dos. ¿O de lo mismo?

    Conoce mi blog www.marisolayala.com

     

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