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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas m√°s reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace m√°s 30 a√Īos, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro a√Īos se baj√≥ de la vor√°gine de la prensa diaria y dej√≥ el peri√≥dico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 25
    Agosto
    2015

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    Sociedad Las Palmas

    Pasar la raya

    Siempre le gustó experimentar en el mundo de las drogas, probar las que iban llegando para saber qué efectos sentía el enfermo después de su consumo y tratarlos. Era y es un hombre bueno, quizás un poco ingenuo. En los noventa cuando la droga hacía estragos en tantas ciudades, a la que Las Palmas de Gran Canaria no era ajena, alguien decidió que no estaría mal abrir una Unidad de Desintoxicación de ámbito regional y así fue. Pocos recursos, pocos conocimientos, pero mucha buena voluntad. Mucha. El barrio de San José, por ejemplo, era un hervidero de toxicómanos y “camellos” que transitaban sus laderas noche y día, como cadáveres andantes. Había que hacer algo para que la sociedad, asustada por la situación, creyera que la Administración trataba de atajar el problema. Chapuza tras chapuza. Tanto que los vecinos se organizaban para ahuyentar a los enfermos toxicómanos a palo limpio. Y en ese ambiente apareció él; alto, grandote, con cara de niño y bueno hasta decir basta. Conocía a todos los drogadictos. Era el paño de lágrimas de madres que acudían a su hombro en busca de consuelo. Pocos médicos eran capaces entonces de meterse en el agujero negro de la drogadicción, atenderlos a cualquier hora del día o de la noche. Un día recién llegado de un curso sobre toxicomanías decidió llevar a un grupo de chicos que empezaban a levantar la cabeza a pasar el día en Maspalomas. Fuimos juntos. Yo hacía el reportaje y en la arena él me contaba sus cosas mientras vigilaba a los chicos. Estaba feliz, se sentía orgulloso. Los jóvenes le querían, es cierto, pero no calculó el nivel de mentira que puede desarrollar un adicto. Le advertí, “cuidado que estos te engañan”. Acabó manteniendo con algunos de ellos una relación un poco más allá de la de médico paciente, pasó la raya. Derivó en colega y ese fue su gran error. Para combatir “el mono” de los enfermos les proporcionó fármacos a cambio de nada, eso lo puedo asegurar. Cuando en los círculos sanitarios se extendió el rumor de unas recetas que exhibían los toxicómanos se encendieron todas las alarmas. Investigación policial, interrogatorios, acusaciones de drogadictos que señalaban a mi amigo y de ahí a prisión. No digo que esté bien ni que esté mal; solo digo que la vida ha sido injusta con él. Su ingenuidad jugó un papel determinante.

    Pasó la raya para hacer bien y pagó un precio muy alto.

    marisolayala@hotmail.com

     

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