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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas m√°s reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace m√°s 30 a√Īos, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro a√Īos se baj√≥ de la vor√°gine de la prensa diaria y dej√≥ el peri√≥dico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 12
    Septiembre
    2017

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    Sociedad Las Palmas

    Periodismo a ras del suelo

    Nora Navarro en La Provincia

    La periodista grancanaria Marisol Ayala compila sus columnas en el libro ‘Historias Prestadas’, que presenta en el Club LA PROVINCIA

    Pueden adquirir el libro via internet, pinchando en el siguiente enlace:

    Libreria Canaima

    ‘Historias Prestadas’ (Mercurio Editorial, 2017) reúne una selección de las columnas donde la periodista Marisol Ayala, bajo el epígrafe ‘Volando Bajito’, relata las historias, miserias y heroicidades de los ciudadanos anónimos de Las Palmas de Gran Canaria. Este volumen antológico, que presenta el 13 de septiembre en el Club LA PROVINCIA, glosa los senderos paralelos de la periodista y de la ciudad que ella transforma en palabras.

    Periodismo a ras del suelo

    El desorden social que engendró el crecimiento galopante de una ciudad como Las Palmas de Gran Canaria, sus desigualdades y contradicciones y, sobre todo, las pequeñas heroicidades y miserias de sus ciudadanos anónimos, están impresos en negro sobre blanco bajo la firma de Marisol Ayala.

    Una riada de páginas, reportajes y columnas que espejan el pulso cotidiano de la vida corriente en los barrios isleños o, en definitiva, “las cosas de la gente”, como abrevia la periodista grancanaria, glosan de su mano y en la voz de los vecinos la evolución de esta ciudad a lo largo de los años. Y esta trayectoria corre en paralelo a la de la propia Marisol, que ha seguido su rastro “puerta a puerta” desde mediados de los años 80. Este ejercicio recoge, además, las dos caras de la realidad isleña, la dulce y la amarga; la que se manifiesta a la luz del día en las tripas de la ciudad y la soterrada bajo los embustes de la clase política o empresarial -hasta que, en casos excepcionales, la desentierra el periodismo-.

    Por todas estas razones, sus relatos sobre cuanto acontece a pie de calle en los rincones de Las Palmas de Gran Canaria se alojan en LA PROVINCIA -donde despuntó su carrera hace 30 años- bajo el epígrafe Volando Bajito, “porque yo siempre he escrito a ras del suelo”, apunta Ayala, quien, en honor a su labor de periodismo social, fue nombrada Hija Predilecta de Las Palmas de Gran Canaria, el pasado 2015. “La ciudad en la que nací, crecí y voy cumpliendo años. La ciudad que adoro a pesar de los pesares, pero es la mía”, escribió Marisol en su blog tras conocer su nombramiento.

    Historias prestadas

    Y este legado periodístico se edita ahora en formato libro, después de una criba y selección exhaustiva de artículos a cargo de su autora, que lo presentará el próximo miércoles 13 de septiembre en el Club LA PROVINCIA, acompañada por la periodista Cira Morote, jefa de sección en el área local en LA PROVINCIA; y Coca de Armas, prologuista del volumen.

    Su título, Historias Prestadas (Mercurio Editorial, 2017), hace referencia a su voluntad de devolverle a la ciudad de Las Palmas y sus lectores el testimonio de tres décadas de complicidad, palabras y compromiso.

    “Este libro se llama Historias Prestadas porque, a lo largo de 30 años, la gente me ha confiado tantas cosas en torno a los temas más escabrosos y dolorosos que te puedas imaginar, para que yo pudiera contarlas -reservando nombres y datos, claro-; y, luego, han sido lectores tan fieles, que sentía la sensación de estar en deuda con la lealtad de los lectores”, manifiesta Ayala. “Entonces, ahora que estás más tranquila, que tu vida es otra, que colaboras con un medio, pero ya te has bajado de la vorágine diaria de un periódico, comencé a tener en mente la idea de este libro, como un homenaje a tanta gente que me ha contado tantas cosas”.

    Sin embargo, fue su nombramiento como Hija Predilecta de Las Palmas de Gran Canaria en homenaje a su trayectoria lo que propulsó el proyecto de manera definitiva y le proporcionó el marco contextual de la ciudad. “Me planteé finalmente escribir el libro porque la inmensa mayoría de todas esas columnas que yo he ido haciendo hablan de historias que ocurren en esta ciudad de la que hoy soy hija predilecta. Entonces, pensé: este es el momento de que a esta ciudad, que se ha portado tan bien conmigo, le devuelva lo que he escrito”, apunta Marisol.

    Pero si 20 años no es nada, 30 ya es quizás una cifra respetable. “Cuando abrí la cantidad de columnas que tenía escritas eran una barbaridad, así que hice una selección de las columnas que más me han impactado”, explica Marisol. Y si el escenario principal es la capital grancanaria, su denominador común es el periodismo humano.

    Periodismo humano

    “Lo que le pasa a la gente. No he hecho otra cosa en la vida que contar lo que pasa en esta ciudad. No sé hacer otra cosa”, resume. “Y me refiero a esa gente que, precisamente por sus condiciones desfavorecidas, tienen muy pocas posibilidades de hacerse hueco en la prensa”. Su vocación por “escuchar los problemas de la gente y contarlos” atraviesa toda su carrera, cuyo grueso se asienta en la cobertura, durante 15 años, del área de Sanidad, “-¡cuando la Sanidad era de aquella manera!”, recalca-.

    “Durante toda mi vida he desarrollado un periodismo muy cercano, muy de meterme en los sitios, de llorar con la gente, de divertirme con la gente. Por eso, como dice Coca de Armas en el prólogo, en muchos de los relatos de este libro estamos todos nosotros. Creo que ese es el asunto”, apunta. “Además, aparte de las columnas, en el libro decidí contar parte de mi vida, así que, en una introducción grande, cuento por qué escribo este libro, que se debe a que yo sigo reivindicando el periodismo social, ahora más que nunca, porque creo que, como te descuides, soy de las últimas que lo ejerce, simplemente porque a la gente no le gusta prestar atención a la realidad más fea y la desprecia, a pesar de que sales a la calle y hay problemas sociales en todas las esquinas”.

    A este respecto, sobre “la profesión más hermosa del mundo, el periodismo, hoy igual de hermosa, pero mal remunerada”, la periodista afirma que el viaje por la vertiente más dura de la realidad local merece la pena. “Si de algo estoy orgullosa hoy es de haber ayudado a mucha gente”, revela.

     

    Realidad dura

    Y es que “esta ciudad ha cambiado muchísimo”, afirma Ayala. “A veces, me alucina recordar las cosas que yo he podido ver”. “En este libro y estas columnas hablo de drogas, de personas sin techo, de inmigración, de historias de adopción que salen cambadas, de las chabolas del Martín Freire, de la muerte de pibas jóvenes, de bebés robados… Además, yo fui de las primeras personas que empezó a denunciar los atropellos sanitarios hace 25 años”.

    En este sentido, Historias Prestadas es la memoria escrita de diversos sucesos y episodios insólitos acaecidos en la capital grancanaria, que Ayala investigó tirando del ovillo para sustentar con datos su condena de las condiciones precarias del sistema sanitario a finales de los años 80, en Canarias, en las páginas de LA PROVINCIA.

    Periodismo a ras del suelo

    Uno de los capítulos más graves, a mediados de los 90, y que obtuvo repercusión nacional, fue la muerte de cuatro niños en el Hospital Materno Infantil por hidrocefalia a causa de una mala praxis médica. “Aquella tragedia se trató de ocultar y nosotros lo publicamos en prensa, pero como iba en contra de Julio Bonis, el entonces consejero de Sanidad del Gobierno de Canarias, hizo todo lo humanamente posible para que me echaran del periódico”, recuerda Ayala, que se desplazó entonces a Fuerteventura para localizar a las familias y promovió que se investigara el caso desde el Consejo Nacional de Neurocirugía.

    “Bonis ha sido el único político que en mi trayectoria profesional movió cielo y tierra para silenciarme y que no denunciara los mil atropellos y carencias sanitarias que permitió durante su mandato”.

    Además, Ayala denunció de forma continua en las páginas de este diario (La Provincia) los casos velados de negligencia médica que se perpetraban en la sanidad pública canaria. “A una señora, en el Materno le quitaron un pecho que no le tenían que haber quitado. Eso es real, eso está escrito. Claro, yo me convertí en la bestia negra para el sector”, rememora la periodista.

    También se hizo eco de las protestas diarias de pacientes y médicos sobre el sistema sanitario en Las Palmas de Gran Canaria y de la demanda de un nuevo centro médico, así como de la posterior construcción del Hospital Doctor Negrín de Gran Canaria, precedido del cierre de “El Viejo Pino” como centro médico, a los que hizo un seguimiento total.

    Asimismo, uno de los relatos más estremecedores fue el caso de una joven de 16 años, captada por camellos y reconvertida en “una experta catadora de caballo”, que apuñaló a uno de los traficantes. “Hubo mucha droga en esta ciudad”, lamenta Marisol, quien testificó a favor de la joven, a cuyos padres conocía, pero que murió en la cárcel al contraer una enfermedad.

    También los sucesos novelados de casos dramáticos como el asesinato del tabaquero canario Eufemiano Fuentes a manos del legendario El Rubio; el asesinato de una mujer en el Puerto de la Luz, rebautizado como “el crimen del contenedor”; o la sobredosis de medicamentos de la supermodelo Naomi Campbell en El Hotel Santa Catalina por el desamor de Joaquín Cortés figuraron en las portadas de la prensa a iniciativa de Marisol Ayala. “Olfato. Sí puedo decir que tengo mucho olfato con las historias”, reconoce la periodista. También publicó en 2013 el libro de investigación La secta del Kárate, junto con su hijo Miki Ayala, sobre la red de pederastia promovida por el ex karateca Fernando Torres Baena.

    Sin embargo, el caso que imprimió un giro emotivo a su vida fue el asesinato de un joven a comienzos de los 90, hallado en el portal de los Apartamentos Astoria con una jeringuilla en el brazo. “La policía decía que, dadas sus características, el chico no cumplía con el perfil del toxicómano. Entonces, el periódico nos mandó a hacer la parte humana de este reportaje y reconstruir la vida de este chico, así que me fui con un compañero fotógrafo a su casa, en una de las laderas de San Juan. Y hay veces en que el periódico te manda a sitios en los que dices: dios mío, el infierno es esto. Tocamos a la puerta y nos abrió la puerta una señora, María, que no sabía que acababan de matarle al hijo. Y cuando fuimos a irnos, subió la policía, así que así que esperamos un rato abajo y volvimos a preguntar cómo estaba. Y yo, que soy madre y soy mujer, pensé: ¿pero qué va a ser de esta mujer? ¿María, usted no va a hacer nada, no va a trabajar? Y ella me dijo: Es que yo no sé hacer nada. Así que le dije que se viniera a trabajar a mi casa. Le enseñamos a coger el teléfono, a hacer de comer y me ayudó a criar a mis hijos. ¡Y ha estado 12 años en mi casa! María es una crack”, relata Marisol.

    “Y como esta historia tengo unas cuantas”, revela la periodista, quien subraya que “yo contaba con una empresa que estaba implicada en la misma línea que el periodismo y, por tanto, no tuve ningún problema, sino que conté con apoyo total para denunciar”.

    Relación cercana

    Con todo, Marisol Ayala atesora hornadas de lectores, tanto en las 410 palabras de Volando Bajito como en las redes sociales. “Para mí, de las cosas más especiales que me han podido pasar es que he ido sumando lectores de generación en generación, porque sus padres eran lectores míos y, a través de las redes, los lectores me comunican que cuando compraban el periódico yo era para ellos como de la familia”, revela. “Siempre he tenido una relación muy cercana con mis lectores”.

    Para la periodista, la esencia de este oficio reside “en escuchar, escuchar mucho”. “Yo escucho a la gente porque tengo una sensibilidad y porque necesito contar lo que le pasa a la gente. En eso consiste ser periodista y muchos periodistas hoy carecen de eso, con la de historias preciosas que hay por contar”, afirma.

    “Yo estoy harta de la gente que usa la pluma para otra cosa que no sea contar lo que pasa en la calle, porque no vale lo que pasa en los despachos. El periodismo está en la calle, porque la vida está en la calle. Yo nunca me he cansado de escuchar. Y sé que, por eso, una no deja de ser periodista nunca”.

    Con respecto al ejercicio de compilar las Historias Prestadas, la periodista revela que “construir este libro me ha hecho reír, llorar y recordar”. “Pero, en definitiva, estoy muy orgullosa del trabajo que he hecho”, afirma. “Este era un libro necesario, no sé para quién, pero, al menos, para mí”. Y en cuanto a futuras publicaciones, Ayala no descarta la posibilidad de incursionar, a medio plazo, en el terreno de la novela. “Pero sólo sé que sería una novela de intriga”, comenta, entre risas. “Eso sí, llegará más adelante, cuando esté más serena”.

     

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