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Marisol Ayala

La periodista Marisol Ayala es una de las firmas más reconocidas y seguidas de la actualidad de Canarias desde hace más 30 años, 25 de ellos en La Provincia. Hace cuatro años se bajó de la vorágine de la prensa diaria y dejó el periódico La Provincia, rotativo al que le unen lazos sentimentales. Hoy...


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  • 08
    Marzo
    2016

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    Sociedad Las Palmas

    Queridas mujeres, gracias

    No sabía qué escribir para recordar que hoy es el Día Internacional de la Mujer 2016. No quería entrar en una guerra de cifras sabido ya que el paro se pone faldas, que la desigualdad es incuestionable, que las mujeres siguen estando en el vagón de la cola en lo referente a ocupar cargos de responsabilidad. Todo eso es tan viejo y repetitivo que he decidido escribir una crónica dedicada a esas personas que he conocido a lo largo del tiempo y cuyas miradas, cansadas y orgullosas, es difícil olvidar. Mujeres que han sido el sostén de muchas familias; a esas quiero dedicarle el artículo de hoy, a esos seres únicos a las cuales la crisis ha afectado de forma brutal, esas que se han hecho cargo de hijos nietos en tiempos difíciles.

    Queridas mujeres, gracias

    A ellas.

    Si tuviéramos la paciencia y la generosidad de escucharlas, aprenderíamos mucho de ellas. Tenemos la costumbre de no prestarles la atención que merecen esas mujeres, nuestras abuelas, que vivieron la peor época de la España mísera y que atesoran tal cúmulo de experiencias que, como digo, si de vez en cuando nos sentáramos a su lado con vocación de escucha activa nos llevábamos bajo el brazo un máster de vida. Son y han sido mujeres de una pieza pertenecientes a una generación que lo mismo ayudó a nacer a decenas de bebés que trabajaron la tierra, que criaron animales o simplemente amamantaron a doce o quince hijos.

    A cuenta del reportaje que un que hice sobre Julia Martín, la anciana de Playa Blanca (Lanzarote), que le ha plantado con éxito cara a la especulación urbanística he refrescado la memoria y ella me ha devuelto otras tantas Julias. Esas otras con las que todas nos hemos cruzado en nuestra vida. ¿Una de ellas?, María, hoy 84 años; un día ella, que vive en la zona de Vecindario (Gran Canaria), decidió que la ilusión de su vida después de criar hijos y animales era aprender a leer y a escribir. Ese paso fue tan decisivo en su vida que una tarde de hace tres años me invitó a casa y me leyó sus cuentos, relatos de su vida que había decidido escribir y sus hijos dejar constancia en un libro. O aquella otra mujer de Agaete, Sinforiana, a quien le pareció poco criar nueve hijos y cuándo un golpe de la vida le obligó a criar a cuatro nietos a pesar de que ni las fuerzas ni su cabeza estaban para mucho ruido, lo hizo.

    Hablo de una generación de mujeres que no dieron nunca un paso atrás y de las que siempre he tenido la impresión de que no han sido todo lo reconocidas que merecen. No reclamo homenajes, no, hablo de afecto, de mimo, de amor, de tenderle la mano firme cuando cruzan la calle de la vida y el asfalto se tambalea. Uno de los latiguillos en los que me repito sin pudor tiene que ver con la obligación de cuidar a nuestros mayores, no dejar ningún afecto pendiente. Lo que hagamos por ellas será siempre poco.

    En un barrio de la ciudad un día conocí a Carmensa, una abuela que crió a su nieta desde que era un bebé porque su nuera, presa de los celos, decidió dañar a su pareja preparándole un biberón envenenado que a la niña le perforó la tráquea. Por cierto hace unos años volví a ver a esa chiquilla que conocí siendo apenas un bebé. Quiere ser enfermera y lleva un pañuelo de colorines anudado a su cuello…

    No quiero terminar sin recordar a Dolores, anciana por encima de los 85 años, que durante más de 15 recorrió toda la isla de Gran Canaria recabando firmas para que su hijo enfermo mental pudiera acceder a una plaza asistida. Mujeres de una pieza. Las últimas líneas quiero dedicarla a mi abuela Felisa; recordar su traje estampado, su moño recogido, sus aretes de oro y la dificultad de sus piernas para transitar la casa de mis padres. Su figura en la azotea de casa trajinando la ropa de siete nietos me resulta una de las escenas más hermosas de mí infancia. Cuando la abuela venía la casa era una fiesta; se le esperaba en la puerta y mi madre volvía a ser una niña. Curioso. Siempre he tenido la impresión de no haber hurgado en su vida, no haberla conocido bien; no haberle dedicado tiempo pero ella era muy mayor y yo, muy niña. Se me hizo tarde porque murió pronto.

    Todas, ya ven, mujeres de una pieza a las que he querido recordar hoy, Día Internacional de la Mujer, al hilo de la resistente Julia.

     

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