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Caminante de Triana Calle Mayor
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Marino Mercante miembro del COMME.

Sobre este blog de Las Palmas

Relatar, con romanticismo, las viejas y las tecnologías nuevas en nuestra ciudad con un aire de nostalgia. De punta a punta


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  • 14
    Febrero
    2015

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    Varaderos de San Telmo

    LAS PALMAS

    VARADEROS DE SAN TELMO

    LAS PALMAS

    Caminaba yo por mi calle culminando mi paseo en el parque de San Telmo. A veces me siento en la tranquila cafetería del hotel Parque contemplando con nostalgia las fotos y se me va la pagina de la historia…

    *Avanteaba trompicando entre la espuma. El alisio estaba fresco y los rociones refrescaban los rostros. Los encerados de la cubierta de un costado se apretaban contra las cuarteladas y por el otro preveían el embolsamiento del aire.

    Cuatro días hacía que habían salido. Tenían que haber llegado ayer. Al subir en latitud aumentó la fuerza en viento. Las lingadas de sardina iban bien estibadas en las bodegas. La noche anterior habían oído golpes secos en un entrepuente de babor pero a media mañana habían cesado.

    Los quejidos de la carlinga del palo trinquete resonaban en todo el casco. El maderamen se renovaba en los varaderos del muelle de San Telmo y Manolo Márquez conocía al dedillo los entresijos de las cuadernas del San Miguel. Los diez años del motovelero tratados con cariño agradecían la mar.

    Luis Antunez ya era la tercera vez que acudía al muelle de Santa Catalina. En la estación de prácticos siempre lo recibían con cariño. Saludó al vigía y con el gesto le confirmó la no llegada. El San Miguel había amanecido con su silueta de goleta. Quizás porque navegaba mejor de bolina. Siempre le había gustado el andar elegante y a punto estuvo de comprar la goleta cuando los sucesores de Encarnación habían acudido a una subasta la primavera pasada en Milford-Haven en busca de un vapor.

    Unas horas quedaban para la recalada, la brisa empapada de saladas burbujas entreveía la cresta. A la tarde antes de la cena llamaría a la gente para el cambio de rumbo y de bordada. Perderían un poco de velocidad más zoco pero ganaría en comodidad y correrían paralelo a la costa hasta la bahía de Gando

    Antonio Torrent saludó a Luis Antunez apretándole por los hombros e impregnándole con el aroma del habano que sostenían sus labios. El veterano práctico conocía las premuras del agente consignatario al adolecer de nuevas de su goleta. Tenía que organizar las labores de descarga y no podía prever nada; la llegada del vapor no había adelantado las mejoras en las comunicaciones y el vigía oteaba hacia el perfil de Melenara en busca de una figura en el horizonte.

    LA BORDADA

    Había concluido con éxito. Durante el día el viento arreció haciendo   pensar a Manolo Márquez que tendrían que seguir navegando al mismo rumbo. En las últimas horas de la tarde salían por las lumbreras los olores del puchero y de las morenas que Ramón el cocinero había con seguido en la última escala.

    No se había movido desde el alba de la cubierta. Domingo, el contramaestre, llevaba personalmente el timón de teca que más de un visitante amigo de don Luis se habría querido llevar para colgarlo en el salón del club o de casa para presumir de navegaciones inexistentes con actrices desconocidas en los mares del sur.

    Domingo desde el timón había apoyado a Manolo en la maniobra dando voces desde la caseta timonera.

    Las dos velas al tercio se conducían bien al cambiar de banda. Las mesas de maniobra estaban bien situadas, las cabillas bien enfundadas y los cabos de labor siempre habían sido de los buenos, no estaban endurecidos por el salitre y laboreaban bien por las engrasadas pastecas.

    Prácticamente no había que subir a la jarcia para la maniobra. Pero     había que conjugar sabiamente la velocidad del buque, la mar de fondo y la destreza de la tripulación.

    Navegaba rumbo a tierra en derrota noroeste. Protegido por el viejo   abrigo de paño azul y encasquetado en la encerada gorra con alas que le cubrían las orejas, la barba que tanto le gustaba a su querida Marguerite. Ah! Marguerite...! Por un momento se le aflojó el pulso y la proa del San Miguel tendió a orzar al notar una debilidad en la caña. Domingo apretó sus bravas muñecas. Ah ¡Marguerite...!. Un barco perdido en Liverpool a cuenta de ella, la bronca de don Luis Antunez, dos meses sin cobrar hasta que extrañamente el San Miguel volvió a recalar por el Reino Unido.

    Ahora el San Miguel reposaba en Santa Catalina, sus viejas cuadernas parecen que no dan más de sí. Los viejos enamorados del mar quieren conservarlo. Don Luis desde su casita de retiro sueña con las amanecidas al borde del cantil. Manolo Márquez pasea entre noráis raspando los dientes mas preocupado por la suerte del San Miguel que por su jubilación.

    Los viejos enamorados del mar consiguieron salvar el correillo La Palma. Del San Miguel reposan sus restos en la costa.

               Que varaderos aquellos.

     

     

     

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