Blog 
Causas perdidas
RSS - Blog de M. Vallés

El autor

Blog Causas perdidas - M. Vallés

M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


Archivo

  • 09
    Abril
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Cañete-Valenciano, renovación cero

    Rajoy establece una nueva marca de pasividad, inhibición y obviedad. Tras meses de cavilaciones, la clasificación del Real Madrid para semifinales de la Champions le ha dejado un hueco para nombrar al candidato del PP a las europeas. Hasta quienes no van a votar a Arias Cañete sabían que resultaría elegido. El único ignorante de la decisión final era el presidente del Gobierno, en el limbo mientras sus aduladores se extasiaban ante un magistral manejo de los tiempos y de los silencios que simplemente demuestra que tarda más en aceptar las evidencias. Hasta Bárcenas le pagaba con retraso, según consta en las anotaciones manuales.

    Dado que Cañete era el único candidato posible para un Rajoy carente de imaginación, el adormilamiento en su designación era una forma de desacreditar las elecciones. El presidente del Gobierno ha estado insinuando que el PP solo se presenta a los comicios por obligación. Que preferiría no hacerlo, como el inhábil Bartleby de Melville. El partido conservador sueña con un panorama idílico, en el que ninguna decisión del poder se someta a escrutinio.

    Cañete-Valenciano es el menú diseñado por el PP y su principal aliado, a entera satisfacción de los cuatro ABCs de la prensa madrileña. Este combate apolillado entre los números dos de Rajoy y Rubalcaba no representa el punto cero de la renovación sino la renovación cero, la negativa absoluta a experimentar con un mínimo maquillaje. Con la fuga de figurones al inerte parlamento continental se asienta la vieja Europa, donde la adjetivación no se ajusta a la edad sino a la sensación de desahucio, de desván de muebles inservibles. Los cabezas de fila popular y socialista podrían haber sido candidatos en el siglo XX, y probablemente en alguno de los anteriores.

    Nadie negará que PP y PSOE han buscado rivales a la altura de su gestión reciente. Valenciano perdió las elecciones en una sola entrevista con?Ana Pastor y, cuando los aduladores de Rajoy ensalzan a  Cañete como “el ministro mejor valorado del Gobierno”, suelen omitir que apenas llega al tres y en descenso, una puntuación que en una estructura privada obligaría a su destitución inmediata. El titular de Agricultura puede presumir de encabezar la candidatura de interviú. Durante su peripecia ministerial con Aznar, la revista dedicó al riquísimo ministro un catálogo de reportajes sobre la colisión directa de sus intereses privados con la cartera que ocupaba.

    Ni la deslumbrante nulidad de Valenciano ni las conexiones peligrosas de Cañete han disuadido a sus autores. Rubalcaba aspira a una victoria por la mínima, si el previsible hundimiento admite la titulación victoriosa. De este modo volvería a aspirar a La Moncloa, bajo el lema de que ningún aspirante puede derrotar al aparato socialista en unas primarias. Rajoy aspira a que no pase nada. 

    Cañete disfrutará de un breve lapso de exposición y perseguirá la empatía suscitada por Solbes, que en una entrevista se proclamó acertadamente como el abuelo de Heidi. El titular de Agricultura es un personaje simpático de El señor de los anillos, propietario de esa retranca que atranca el inmovilismo de su jefe. Así en?Cataluña como en las europeas, Rajoy suspira por apropiarse de la definición que hace Tolstoi del mariscal Kutuzov que frenó a Napoleón. “Comprende que hay algo más fuerte e importante que su voluntad: el inevitable curso de los acontecimientos y considerada esta impotencia, sabe abstenerse de intervenir en esos acontecimientos, prescindir de su propia voluntad”. El presidente basa su supervivencia en dejar inservibles a sus rivales, mediante el procedimiento de reducirlos a las escuetas dimensiones de su pasividad perpetua.

     

    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook