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Blog Causas perdidas - M. Vallés

M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 11
    Noviembre
    2011

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    De mitin, en la gira de despedida de Rubalcaba (-219 horas)

    Si votar a Rubalcaba suena exótico, asistir a uno de sus mitines bordea la experiencia paranormal. Me sometí a esta disciplina en uno de los actos de la gira de despedida del candidato socialista, sin sufrir lesiones aparentes. No presumiré de haber cambiado el curso de la campaña con mi gesto. Por contra, el gesto ha cambiado mi visión de la campaña. El ambiente de velatorio, perceptible incluso en el discurso del aspirante, obliga a concluir que el PSOE sería el primer sorprendido por el incumplimiento de unas encuestas terroríficas para sus intereses.
    El 20-N es una profecía autocumplida por sus víctimas. Se teoriza en abundancia sobre la desmovilización de los socialistas, nunca pensé que se extendiera a la desmovilización de los socialistas que acuden a los mitines. El remedo de reunión de Led Zeppelin con Guerra y González ha avejentado la campaña del PSOE. Si un asesor de imagen estadounidense contemplara un mitin de Rubalcaba, se mesaría los cabellos ante el desaprovechamiento de un candidato con indudables dotes. En su intervención en el concierto presencié, Rubalcaba no se atreve a decir que ganará. Un rasgo de lucidez, pero incompatible con las arengas que reclaman los militantes desanimados. Recurre con exceso a la publicidad negativa de Rajoy y Aznar, porque equivale a sentenciar el triunfo de ambos y a cercenar el discurso propio. Desde Tierno Galván, nadie ejecuta los mitines con la sangre fría de Rubalcaba, y el viejo profesor no triunfaba precisamente en las elecciones generales
    Un científico como Rubalcaba ha de contemplar estupefacto un campo de batalla en el que “no hacer nada” –lema de Rajoy– ha sido elevado a virtud política de última generación. Sin embargo, el exvicepresidente de Zapatero sabía dónde se metía, y que el interrogante más frecuente a satisfacer sería “PSOE, ¿por qué nos has abandonado?” Sólo su actual atolladero explica el desliz clasista que cometió, al señalar que los padres que matriculan a sus hijos en la enseñanza pública “sólo tienen eso que darles”. Hay institutos que superan en la nota de selectividad a colegios elitistas, y lo mismo ocurre en Sanidad. Si las numerosas fotos con Botín –otro error que nunca hubiera cometido Obama– han nublado la visión socialista hasta este punto, no puede hablarse de sorpresa en las generales. El único misterio a resolver en la fecha fatídica es la actividad en la que consumirán su ocio los dos millones de votantes de izquierdas que consideran que el PSOE ya no lo es. Y salí del mitin defraudado, porque Rubalcaba debió clausurarlo con la célebre frase de Adolfo Suárez durante su campaña crepuscular con el CDS. “Me quieren, pero no me votan”. 
     

     

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