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Blog Causas perdidas - M. Vallés

M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 09
    Noviembre
    2011

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    LA DIVINIZACIÓN DE RAJOY (–268 horas)

    Donde el chiste no radica en la palabra “divinización”, sino en “Rajoy”. No hay ahora mismo un solo político en Occidente, así en el gobierno como en la oposición, que pueda competir con el candidato popular en estado de gracia. ¿Su secreto? Quedarse callado, no mostrar demasiado interés, omitir cualquier pronunciamiento. Dado que sobre estos axiomas reposan los pilares de su carrerra, habrá que coincidir en que no ha cambiado él, sino la opinión en torno a su persona. Desde Canetti, se asegura que la masa es terrible en sus pronunciamientos cuando, en la política y en el terrorismo, siente proclividad hacia el perdón y la reconciliación. Rajoy sigue siendo el gobernante del ‘Prestige’, la gloriosa guerra de Irak y el abandono del ejecutivo en vísperas del 11-M, pero ahora es intocable.
    La divinización de Rajoy no estriba en haber ganado el debate televisado, sino en haberlo perdido con estrépito para lograr a continuación que la mayoría sostenga que fue el vencedor. La infalibilidad es el primer síntoma del poder, ni un solo titular se rindió a la evidencia periodística para constatar friamente que “El candidato popular desconoce el programa electoral del PP”. Durante la precampaña se había asistido primero a una tímida beatificación y después a una canonización en toda regla, residenciadas ambas en el blindaje de los silencios y los tiempos muertos. Después de sobrevivir al duelo personal con Rubalcaba, ha sido encumbrado al Olimpo. Incluso sus discursos huecos de propuestas se han contagiado de consignas de autoayuda. Se cree Obama. Le creen Obama. 
    Quienes todavía no han inhalado los vahos divinizadores, se sienten como si asistieran a la gira estatal de una compañía que representa Ubú rey. Los votantes de nuevo cuño que el PP arrastrará desde la izquierda desean convencerse de que Rajoy ejecutará una política progresista, para justificar el tránsito de su voto. Los electores tradicionales de la derecha tienen que persuadirse de que aplicará sin titubear las doctrinas conservadoras, de que le sobra testosterona para ser el comandante en jefe. Cuando llegue a La Moncloa, habrá que decidir si debe ser comparado con el vicepresidente de la desastrosa segunda legislatura de Aznar, o con Zeus abatiéndose sobre los humanos. Si no se muestra divino en la gestión –puede empezar por leerse el programa de su partido–, pagará muy caro el súbito encumbramiento.
     

     

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