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Blog Causas perdidas - M. Vallés

M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 07
    Febrero
    2014

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    La Infanta, comandante en jefe

    Una Infanta es una princesa de Segunda División. Cristina de Borbón carece de relevancia en sí misma, y solo destaca por la herida letal que su codicia ha infligido al Rey vigente y al próximo. Hasta el fiscal considera que tiene que devolver el dinero malgastado. Dado que son los ciudadanos quienes necesitan protección frente a los corruptos, y según viene siendo norma en los juzgados, un somero aparato de vigilancia debiera resguardar a la sociedad, para que no se contagie del comportamiento de la hija del Rey.

    En cambio, el Gobierno ha militarizado el interrogatorio de una triste Infanta, que desembarca en Mallorca en calidad de comandante en jefe. ¿Hacia dónde apuntarán los francotiradores? El descomunal aparato de vigilancia solo se explica para intimidar al juez que ha desnudado la corrupción en la cúpula estatal.

    En el espectáculo circense pagado por los contribuyentes, no faltan ni helicópteros. Únicamente se ha desatendido la instrucción de La Zarzuela de que la Infanta acceda a los juzgados mientras suenan los acordes del himno nacional. Dado que en febrero no hay turismo que valga, se trata de protegerse de los nativos. Los centenares de efectivos desplegados se presentan como un auténtico ejército de ocupación, que aumenta la probabilidad de incidentes en vez de prevenirlos.

    La policía de Rajoy ha descubierto con notable retraso que los mallorquines son un factor de riesgo. Lástima que no emplearan esta perspicacia para advertir a la Infanta y comandante en jefe del riesgo que comportaban los manejos en que participaba junto a Urdangarin. El mayor peligro para la integridad de la Infanta residía en su palacete, no en la rampa.

    En un lenguaje preapocalíptico, se necesitan centenares de policías para disuadir a los "grupos hostiles". Dada la naturaleza del interrogatorio, esta hostilidad debe enfocarse contra la corrupción. Por lo tanto, el Gobierno reclama a los bienaventurados "grupos favorables" a los corruptos, tan jaleados por los perceptores de sobresueldos de Bárcenas.

    La declaración de la Infanta que saqueó a los mallorquines y que mancha el título de Duquesa de Palma de Mallorca ha mutado en un desafío a la población. Procede rescatar la frase de que "el Estado no nos manda, nosotros mandamos al Estado", cuyo singular autor se mantendrá pudorosamente en secreto.

    La policía democrática no debe utilizarse como venganza contra la rabieta de que los jueces se tomen la justicia por su mano. No solo es un caro capricho. Si la declaración de una Infanta comparsa requiere tamaño despliegue, se revalidan las sospechas sobre el papel capital que desempeñó en el caso que ostenta su nombre y linajes.

    (Este artículo ha sido redactado sin que ningún policía mirara por encima del hombro del escribano. No puede garantizarse que el sábado se exprese sin esta vigilancia adicional y necesaria).

     

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