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M. Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

Sobre este blog de Nacional

Una cuenta atrás hacia las elecciones más importantes (y previsibles) de la democracia reciente.


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  • 01
    Agosto
    2013

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    Las medias mentiras del increíble Rajoy

    La jornada parlamentaria que transformó el caso Bárcenas en caso Rajoy obliga a revisar al alza la fe en las instituciones. La mayoría de portavoces exhibieron un conocimiento del escándalo más somero que un ciudadano medio, con mención especial para el embarullado Cayo Lara, empeñado en que IU no alcance el medio centenar de escaños que le auguran las encuestas. Sin embargo, la polifónica lectura coral de los sms de apoyo del presidente del Gobierno a su amigo del alma  y tesorero percutían con especial fuerza en la cámara. El líder del PP cebó su lenguaje ambiguo en las “medias verdades” sobre el cobro de sobresueldos a partir de donaciones de dinero sucio. Las contrastó con medias mentiras, que en sus torpes labios suenan todavía más increíbles. Bárcenas debió sentirse rehabilitado, al contemplar tan desmedrada intervención desde la cárcel.


    “Hacemos lo que podemos”, le escribía solícito Rajoy a su inseparable tesorero. Atrapado en sus propias mentiras, confiesa ahora que se equivocó durante treinta años. Transmite menos convicción que el Rey mohíno, en un país donde los jefes de Gobierno y de Estado han tenido que disculparse por incurrir en conductas impropias. El Parlamento ha sellado la suerte del presidente del Gobierno de modo irreversible. Ha coronado la cima del descrédito a la velocidad de los grandes escaladores. Su propuesta cínica de que la verdad se oxida igual que la mentira ha perdido el blindaje. Mientras Rosa Díez pugnaba por demostrar que era la líder que necesita el PSOE, el florentino Duran Lleida ni siquiera se sumaba a reclamar la dimisión. La primera regla de los democristianos es no rematar a los agonizantes.   


    Como dice Duran en el idioma de?Maquiavelo, “es grave no creer a Rajoy”. El presidente prefirió a Bárcenas antes que a sus conciudadanos, que le pagan con la misma moneda. Según todos los sondeos, la población cree más al preso, a riesgo de que acabe por quererlo más. El anacrónico líder del PP sigue refugiándose en “papeles y fotocopias”, ni siquiera está al tanto de los avances de la instrucción judicial. El cansino inquilino de la Moncloa ya ha dimitido de su tiempo, conserva el cargo por inercia, con la misma displicencia que le llevó a cobrar sobresueldos de oscura procedencia. Vacunado contra la decencia, considera habituales esas percepciones, con lo que agrava el insulto a los trabajadores y extrabajadores que luchan por conquistar un sueldo digno sin adherencias en negro.  


    Ni el propio Rajoy se cree su papel de víctima de Bárcenas. El presidente del Gobierno era el beneficiario de los obsequios económicos de su tesorero, y no ha sido capaz de demostrar lo contrario. En cualquier enumeración, los favores adeudados encabezan las explicaciones al errático comportamiento presidencial. Cuando un hipercafeinado Alfonso Alonso utiliza la palabra “orquestar”, ignora que el léxico con adherencias franquistas descalifica un discurso. El PP también se cree víctima de una conjura judeomasónica. 
    Si subsistía alguna duda sobre la fragilidad ética y política de?Rajoy, se disipó en su abreviado turno de réplica. El líder previsible por invisible acabó colérico y descortés, negando el saludo a sus críticos. Al sacar en procesión a Luis Roldán, ¿estaba reclamando para sí el destino de los años finales de González? El presidente del Gobierno se ha convertido en un lastre para el PP, los sobresueldos arruinan su imagen para el resto de la legislatura. El líder popular repasó la erosión que el tesorero ha causado a su partido. Rajoy toma ahora el relevo de Bárcenas como fuerza corrosiva de la derecha.


    La desesperación contaminaba la expresión final de Rajoy, “no voy a dimitir porque no me considero culpable”. Es una sentencia en varias acepciones, y su análisis detallado trazaría el perfil psicológico de un personaje desmantelado. Se ve obligado a justificar la violación de la más elemental decencia económica. Tiene razón al negar la doble caja del PP. Existía una sola contabilidad, firmada al alimón por Bárcenas y Lapuerta, que  lo consagran como un privilegiado cuyas condiciones económicas mejoraban y se oscurecían conforme exigía austeridad a us conciudadanos. Rubalcaba hurgó con fuerza en esa herida durante su último turno, al fin se comportó como un líder de la oposición.


    El presidente del Gobierno sería olvidado en un plazo más corto del que ha necesitado para extender su leyenda de carisma limitado, que ahora alberga la avidez  monetaria personal que ha disparado la corrupción. Rajoy se jacta de que ganaría más como registrador de la propiedad, tal vez ha llegado el momento de comprobarlo.
     

     

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